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martes, 25 de julio de 2017
 
Dominical/ 2017-03-12 09:02

El sueño ahogado

Una humilde joven quien por méritos propios se ha ganado sus triunfos en la Natación, agradece sus premios al amor y ayuda que le brindó su progenitora y a las bendiciones dadas por Dios.

Escrito por: Erick Rojas | marzo 12 de 2017

Sandy Jasmine Cano
Diario del Huila

Pasé alrededor de dos días pensando cómo llegarle a una niña aparentemente espontánea, divertida y a la vez muy reservada, de aquellas personas que sonríen a menudo pero suelen hablar poco de sus cosas personales.

En su mirada se refleja la insatisfacción de no haber cumplido sus metas, cuando en la televisión o en alguna otra parte se muestran escenas de su deporte favorito, la natación, ella respira profundamente; percibo que esos suspiros son tal vez por nostalgia.

Laura Camila Ruiz Tama, inteligente y soñadora, desde los tres años mostró su pasión por el agua y cuando su mamá la llevaba por diversión a piscina se lanzaba sin ningún tipo de miedo.

Desde los cuatro años incursionó en la natación creyendo que la práctica de este deporte la seguiría realizando por muchos años, como ella misma lo narra, “nadaría en ríos, mares, horas y horas porque el agua me hace libre” al escucharla hablar viene a mi mente la imagen de una sirena, nadando en medio de las olas y puedo sentir como el agua balbucea y descansa en la arena mientras ella avanza cada vez más lejos.

Fue en Villa Caría Caldas municipio de Manizales donde esta niña logró ingresar a la escuela de natación que la Alcaldía financiaba, con la ayuda de su madre, sin contar con el apoyo de su padre. “Solo Dios y mi mamá” afirmó Laura Camila.

La escuela era totalmente gratis, la inversión que debían hacer era en gastos del equipo de natación, como unas aletas que costaban cerca de $ 200.000. Compraron un vestido de baño que costó $15.000, ¡me confesó Camila en secreto! no pudieron comprar el vestido profesional ya que costaba más dinero. Para las salidas a competencias como la inscripción, gastos de hospedaje y demás, contaban con algo de ayuda por parte de la gobernación.

¿Cómo eran los entrenamientos?, le pregunté…se llevaba una estricta alimentación y disciplina. Los entrenamientos eran todos los días de lunes a viernes de cuatro a seis de la tarde y los sábados entrenaba en la piscina olímpica.

“Es lo que me gusta hacer” agregó. En los entrenamientos me ponían a hacer algunos ejercicios como 50 sentadillas con mi compañera a tuntún, dice en medio de la risa (risas), me gustaba exigirme, debíamos comer cosas suavecitas como: espaguetis, jugos livianos e hidratarnos bastante.

Me encantaba ir a competencias porque escuchaba a mi mamá decir esa es mi hija, cuenta Laura Camila muerta a carcajadas. Siempre he sido muy activa, el deporte me hace tener buena disciplina y ser más aplicada, concluye.

Galardones

Fue parte de la selección caldas, en la modalidad subacuática en las diferentes categorías y estilos (superficial en ondulación, natación libre y apnea por debajo del agua), compitió en los juegos regionales y departamentales donde ganó cinco medallas de oro y clasificó a los nacionales, obtuvo tres diplomas y medallas; octavo, quinto y tercer puesto.

Estábamos en medio de la charla cuando su mamá interviene, le dice: “deberías de volver a retomar Camila”, -si mami pero ahora no hay para pagar la mensualidad, me encantaría-, refiere Laura quedando en silencio por algunos segundos… ¡Donde tuviera plata volvería sin pensarlo!, respondió.

El sueño se derrumba

La madre de Camila se queda sin trabajo y decide trasladarse a la ciudad de Neiva, donde un familiar le ofrece una oportunidad de empleo, ella no duda en aceptar puesto que no puede quedarse mucho tiempo sin trabajo, debido a la responsabilidad con sus dos hijos menores; de esta manera Camila se ve obligada a dejar su escuela y su futuro como nadadora profesional.

Al llegar a la ciudad de Neiva, averiguan dónde puede ingresar para continuar su práctica deportiva pero se llevan la sorpresa de que en esta ciudad hay que pagar una mensualidad y una matrícula para el ingreso a una escuela de natación. Con otros gastos de primera necesidad no queda otra opción, solo dejar todo su equipamiento guardado en el baúl.

Es triste ver como los sueños y el talento de una joven se derrumban por la mala administración de los recursos públicos en algunas ciudades.

Hoy en día Laura se encuentra estudiando una ingeniería en la Universidad Sur colombiana. Refiere que lo hace con disciplina ya que este hábito se lo dejó de enseñanza su paso por la natación. Mientras se queda mirando fijamente el abanico, más directamente su hélice que gira y gira sin parar.

“Debo retomar, sé que aún no es tarde para mi trabajo, me queda complicado suplir los gastos de la universidad; para regresar de nuevo a la natación seria aún más complicado, debo iniciar por comprar el equipo nuevamente, la matrícula y el sueño se me desvanece”.

Abriendo el baúl en busca de los diplomas, medallas y su antiguo traje de baño, que le he pedido enseñarme, me quedo mirándola y pienso que parece un pajarito con tantas ganas de volar, pero ya le han cortado sus alas…ayer en una visita que le hice a su mamá, me informó que por fin ha logrado retomar.