viernes, 17 de agosto de 2018
Enfoque/ Creado el: 2018-04-15 10:56 - Última actualización: 2018-04-15 10:58

Donación de órganos, un tabú que aumenta las muertes en Colombia

A pesar de las normas vigentes que buscan garantizar el bienestar de los pacientes cuya vida depende de algún tipo de trasplante, muchos se quedan a la espera de un donante que no llega a tiempo.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 15 de 2018

Redacción Diario del Huila

La aprobación de la Ley 1805 de 2016, convirtió a todos los colombianos en donantes obligatorios y eliminó la facultad que tenían los familiares para oponerse a la extracción de los órganos y tejidos.  

Actualmente,  a no ser que expresen lo contrario a través de un documento escrito y autenticado ante un notario público, y lo registren luego en el Instituto Nacional de Salud –INS, toda la población es donante.

Otra forma de no acogerse a lo ordenado es dejando constancia al momento de hacer la afiliación a la EPS para que pase el respectivo informe al INS.

Avances

Gracias  a esta ley, en el departamento del Huila se ha registrado un leve aumento en la tasa de donación de órganos.  Durante el primer trimestre de 2017 se realizaron seis trasplantes renales y para el mismo periodo de 2018 se han realizado con éxito 10 operaciones de órganos que han salvado vidas.

Sin embargo, en 2017 la tasa de negativa familiar fue del 50%, un indicador relativamente alto en comparación con otras ciudades como Medellín, donde la negativa familiar no supera el 18%.  Por esa cuestión, Gloria Esperanza Araujo Coronado, secretaria de Salud Departamental, hizo un llamado de solidaridad a la población.

“El balance es positivo hasta el momento, pero insistimos en la necesidad de sensibilizar a las familias, en la decisión de hacer la donación de órganos cuando ya nuestro ser querido no tiene esperanza de vida y cuando hay personas a la espera de una oportunidad, una decisión que es difícil, pero que contribuye a mejorar otra vida”, afirmó la secretaria.  

Impacto social   

Las personas mayormente beneficiadas son los pacientes para trasplante renal; en la lista de espera para éste tipo de operación se encuentran registradas 50 pacientes. Estos provienen especialmente de otros departamentos del sur de Colombia.

El Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo, hasta ahora, la única IPS pública en el país que cuenta con un servicio de trasplante de órganos, en 2017 realizó 19 trasplantes renales, cifra que ha venido disminuyendo desde 2010 cuando se realizaron 37  trasplantes de este vital órgano.

“Confiamos que en 2018 y a futuro se aumente la solidaridad de los huilenses respecto a la donación con fines de trasplante, esperamos mejorar las cifras y evitar la muerte de ciudadanos en lista de espera, pues para el año fueron cuatro los fallecidos a causa de no  contar con un donante”  manifestó Gloria Araujo.

¿Por qué una ley para salvar vidas?

Con esta medida el gobierno intentó responder a la demanda de órganos   existente en el país, pues antes menos del 4% de quienes  estaban  en lista de espera lograban transitar con éxito por este proceso. Es decir, donantes había, pero se perdían. Y Colombia es uno de los países donde la mayoría de la población estaría dispuesta a hacer parte de esta noble causa.

En las encuestas más del 60% de los entrevistados aceptarían entregar parte de su cuerpo para salvar la vida de otra persona, explica la doctora Adriana Segura, Subdirectora Técnica de la Red Nacional de Trasplantes y Banco de Sangre.

En su opinión, la escasez de estos no se debe a la ausencia de donantes potenciales sino a la incapacidad de convertirlos en donantes reales.

 “De siete de los potenciales donantes que se encuentran en UCI por muerte encefálica en diferentes IPS, solo dos llegan hasta la entrevista de los familiares para obtener su consentimiento. Las demás oportunidades de donación se pierden porque no se siguen los protocolos, ya sea por falta de recursos técnicos o humanos, y los órganos terminan por deteriorarse. El país también tiene que salir de la limitación de las muertes encefálicas y comenzar a valorar los órganos de los pacientes que fallecen por paro cardiorrespiratorio, que son cerca del 40% en las ciudades”, aclara la doctora Segura.

Posibles salidas

Para vencer este obstáculo el Ministerio de Salud está analizando la posibilidad de pagar a las IPS desde el inicio por los estudios clínicos, análisis de laboratorio y procesos de donación, extracción e implante de órganos y tejidos. En la actualidad se les paga por el resultado, lo que lleva a que muchas de ellas prefieran abstenerse de invertir en el desarrollo de los protocolos de donación para no desperdiciar los recursos.

Con la nueva Ley, las IPS de III y IV nivel o dotadas con UCI  comenzaron a detectar en tiempo real los potenciales donantes de acuerdo con los criterios fijados por el INS.

“Esto conduce a que otras clínicas y hospitales formen grupos de trasplantes y a que contraten más profesionales de la salud entrenados en el tema. Si las IPS reciben las sumas que invierten en el proceso, están habilitadas para hacer más diagnósticos oportunos de muerte encefálica y para mantener los órganos del donante en buen estado hasta el momento del implante”, dice la funcionaria.

Se necesitan más médicos entrenados

En Colombia, la mayor parte de los trasplantes se hacen de donante cadavérico. El boletín ejecutivo sobre la donación y trasplantes de órganos presentado por el INS de 2015, muestra que del total de trasplantes, el 86% correspondió a donantes cadavéricos, mientras que solo el 14% se obtuvo de donantes vivos.

Según la subdirectora Segura, esto obedece a que se intentan reducir y evitar los riesgos quirúrgicos que implica someter a una persona sana a donar un órgano.

“En consecuencia, el país debe velar por mejorar la donación cadavérica brindando soporte legal, económico, técnico, médico y social. Pero la principal barrera es la falta de capacitación del personal médico”, agrega.

Hay que empezar por tener un enfoque integrado dirigido a mejorar la formación de los profesionales de la salud (cirujanos, clínicos, enfermeras, técnicos, asistentes administrativos, psicólogos, trabajadores sociales, entre otros) que intervienen de manera activa en el proceso de donación, más cuando las proyecciones indican que en unos años la mitad de las cirugías que se realizan en un hospital de mayor nivel estarán incorporadas a los procesos de trasplantes de órganos.

El país requiere más coordinadores operativos de trasplantes que puedan sincronizar con precisión las tareas de detección y obtención de donantes.

El promedio de coordinadores operativos de trasplante en los países desarrollados es de siete por millón de habitantes; en Colombia la cifra está en 0.75, argumenta Segura. La mayoría de los donantes provienen de las UCI, lo que explica que un buen número de los coordinadores operativos de trasplantes sean médicos intensivistas.

El trabajo de estos especialistas no finaliza con el diagnóstico de muerte cerebral, sino que deben seguir el esquema terapéutico para mantener el cadáver latente en perfectas condiciones para que el trasplante se lleve a cabo y se cumpla el cometido de mejorar la calidad de vida de un paciente en lista de espera.

 “En este momento todos tenemos que involucrarnos de lleno en la promoción de la idea de la donación a la población, pues así todos los colombianos seamos donantes por ley, debemos velar por mantener la autonomía de poder expresar al final de la vida nuestro deseo como un acto altruista de donar nuestros órganos”, finaliza la doctora Segura.

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