domingo, 18 de agosto de 2019
Economía/ Creado el: 2019-06-03 10:06

Duplicando el ingreso-real per cápita en Colombia

Las alertas recientes dadas por el FMI, la OCDE y las calificadoras de riesgo sobre faltantes fiscales estructurales deben conducir a impulsar reformas urgentes en el plano tributario, pensional y de justicia, para así lograr mejorar la Productividad Total de los Factores (PTF) y acelerar el crecimiento.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 03 de 2019

 

Sergio Clavijo Vergara
Especial para Diario del Huila

La destorcida minero-energética de 2014-2016 dejó secuelas en la economía colombiana de las  cuales el país aún no se recupera. Ello se ha reflejado en la lenta y frágil corrección de los déficits gemelos (fiscal-externo), observándose: i) abultados faltantes fiscales, con elevados niveles de endeudamiento en cabeza del Gobierno Central (50 % del PIB vs. 40 % del PIB un quinquenio atrás); y ii) deterioros recientes en las cuentas externas (a niveles tan altos como un 4 % del PIB), por cuenta de la incapacidad del país en diversificar su canasta exportadora. Ello le ha costado a Colombia la pérdida de al menos -1,5 pp en su crecimiento potencial, ubicándose ahora alrededor del 3 % anual (vs. el 4,5 % de 2010-2014).

Recuperar crecimientos potenciales del orden del 4,5 % requerirá más que buenas intenciones, necesitándose avanzar con mayor celeridad en las reformas transversales que permitan superar el llamado Costo Colombia (referente a sobrecostos laborales, energéticos y de transporte). Se requieren mejoras estructurales para incrementar las ganancias en la Productividad Total de los Factores (PTF) y que ello conduzca a incrementar el ingreso-real per cápita de los colombianos, el cual se ha desplomado del ilusorio nivel de los US$8000/año a solo los US$6500/años actuales.

Si el crecimiento potencial de Colombia se hubiera mantenido en el 4,5 % por año, se habrían requerido solo unos 20 años para duplicar el ingreso-real per cápita. Pero con los magros crecimientos actuales, cercanos al 3 % anual, esa duplicación del ingreso per cápita estará tardando unos 45 años (más de una vida laboral).

Durante el último quinquenio, el crecimiento promedio de Colombia ha sido tan solo del 2,7 % anual y la tasa de cambio real se ha sincerado al perder casi un 25 % durante 2014-2018, una vez pasados los efectos cambiarios de la Enfermedad Holandesa. Esto nos ha llevado a tener un ingreso per cápita de solo US$6500/año, en vez de los US$11.000/año con los que alguna vez nos ilusionaron los que hablaban del “resfrío holandés”, ver gráfico 1. De no alterarse la estructura productiva del país, Colombia solo alcanzaría los niveles actuales de ingreso per cápita de Chile (US$15.300) por allá en el año 2050 y los de Corea del Sur (US$29.743) hacia el año 2100.

En esta nota analizaremos el comportamiento del PIB-real per cápita de Colombia, comparándolo con la experiencia vivida en algunos países asiáticos. La mayor parte de ellos está logrando duplicar su ingreso-real per cápita en tan solo unos 15 años. Si bien el PIB per cápita es una medida imperfecta del bienestar social, sucede que su desempeño está altamente correlacionado con los progresos en el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Duplicación del PIB per cápita en Asia (1967-2017) Es bien conocido el éxito logrado por buena parte de los países asiáticos en materia de crecimiento económico y desarrollo. Por ejemplo, el PIB per cápita de Corea del Sur representaba cerca de la mitad del ingreso per cápita de Colombia en la década del sesenta, pero solo cincuenta años después el país asiático ya registra un PIB per cápita 5 veces superior al colombiano.

Ahora bien, el proceso de desarrollo de Asia ha ocurrido de manera escalonada entre países. En una primera fase fue Japón, el cual fue seguido rápidamente por los llamados Nuevos Países Industrializados (NIC, incluyendo Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur). Posteriormente, los “nuevos tigres” (MIT: Malasia, Indonesia y Tailandia) y, más recientemente, China e India han presentado elevadas tasas de crecimiento (pese a la evidente pérdida de tracción en el caso chino durante 2015-2018). Todos ellos han sido capaces de incrementar su PIB per cápita a tasas cercanas al 4 % real por año, duplicando así sus ingresos cada 15 años (en promedio), con lo cual lograron cuadruplicar el ingreso de la población durante 1967-2017 (ver cuadro 1).

Cabe recordar que Japón fue el primero en sumarse al “club del desarrollo”. Luego de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, este país registró crecimientos del PIB per cápita que llegaron al 4 % entre 1967 y 1996. Esto permitió que los japoneses duplicaran su ingreso cada 19 años. En los últimos años, estas tasas de crecimiento han disminuido a solo el 1,5 % (2012-2017),  experimentando síntomas de un aparente estancamiento secular, como resultado del pobre desempeño en materia de productividad (+0,3 % anual en 2017), demografía (con contracciones promedio del -0,4 % anual en su fuerza laboral durante el último quinquenio) y una difícil situación de deflación y crisis fiscal.



Posteriormente, los tigres asiáticos de los años sesenta (NIC: Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) registraron crecimientos del PIB per cápita del 6,4 % en 1967-1996, logrando duplicar su ingreso cada 11 años. Con esto, las últimas generaciones de estos países han visto multiplicar en 4 veces su ingreso recientemente. Allí el camino hacia el desarrollo estuvo guiado por las políticas económicas implementadas, cuyo objetivo primordial fue incrementar la PTF. Estas requirieron una firme coordinación público-privada, sacrificio (fiscal) y un cierto grado de ensayo y error. Varios de ellos optaron por movimientos autocráticos, apoyados por Inversión Extranjera Directa (IED), donde la alta escolaridad y una homogénea distribución de la riqueza reforzaron el crecimiento del Producto.

Los nuevos tigres (MIT: Malasia, Indonesia y Tailandia) crecieron dinámicamente durante la década de los años setenta. En el período que antecedió a la crisis de finales de siglo, su ingreso per cápita llegó a duplicarse cada 12 años, al crecer a tasas del 6 % anual. Al igual que el grupo anterior, estos MIT desaceleraron su crecimiento después de dicha crisis, pero mantuvieron tasas de crecimiento del PIB per cápita del 3,5 % anual durante la década del 2000.

Recientemente, China e India ingresaron al club de elevado crecimiento y rápida convergencia hacia el desarrollo (ver cuadro 2). A partir de la década del noventa, su ingreso per cápita creció sostenidamente a tasas del 6,6 % anual (promedio), duplicándose cada 11 años. Así, la actual generación china verá duplicar su ingreso en casi 4 veces a lo largo de su vida laboral (40 años). Esto con el aliciente de que, con la incorporación de China al comercio global a partir de la década del noventa, este país desplazó a Japón como eje de articulación productiva, permitiendo generar cadenas de valor intrarregionales cada vez más complejas y potencializando su diversificación productiva.

Duplicación del ingreso en América Latina y Colombia (1967-2017)

Por contraste, el ingreso per cápita en América Latina apenas se expandió al 1,6 % real por año durante 1967-2017 (vs. 4,5 % de los países asiáticos), tomándonos poco más de 40 años para su duplicación (toda una vida laboral). Lo más preocupante es que este crecimiento se desaceleró marcadamente tras el fin del súper-ciclo de commodities, pasando de crecer un 1,8 % real anual durante 1967-1997 a solo un 0,2 % durante 2012-2017 (¡A este ritmo tomaría casi 300 años duplicar el ingreso real de la región!).

Esta lenta convergencia hacia el desarrollo de América Latina ha tenido múltiples razones: violencia, baja escolaridad, pésima distribución del ingreso, falta de infraestructura, justicia deficiente y corrupción elevada, todo lo cual se refleja en baja PTF. En efecto, la PTF de la región creció tan solo a ritmos del 1,2 % anual durante 2011-2016. En cambio, la PTF de Corea del Sur creció a ritmos del 3 % anual en dicho período, la de Indonesia al 4 % y la de China al 7 %, dejando claro el grave rezago de la región frente a los países asiáticos.

Ahora bien, aunque el crecimiento del PIB-real per cápita de Colombia mostró un desempeño histórico (1967-2017) algo mayor al del promedio regional, creciendo un 2,2 % por año (requiriéndose 32 años para duplicar el ingreso per cápita), este resultó muy inferior al 5,5 % logrado por los países asiáticos (13 años para duplicar el PIB per cápita), ver cuadro 2. Gracias al auge de los commodities, Colombia vio su PIB per cápita crecer a ritmos del 3,6 % real por año durante 2010-2014, con lo cual su ingreso per cápita real se hubiera podido duplicar cada 20 años de haber continuado a ese ritmo.

Sin embargo, durante el período 2015-2020, todo parece indicar que el PIB-real estaría creciendo incluso por debajo del 3 % anual (2,6 % promedio observado en 2015-2018 y 3,4 % proyectado para 2019-2020) y su población a ritmos del 1 % anual, implicando crecimientos del PIB-real per cápita de apenas un 1,7 % anual.

A este ritmo, la duplicación del ingreso de los colombianos tomaría cerca de 40 años, en vez del histórico de 32 años que hemos venido registrando. Colombia deberá entonces desarrollar más ágilmente su “agenda interna” para poder aprovechar los TLC y, al mismo tiempo, lograr incrementos sostenidos en la PTF, tras haber mostrado valores cercanos a cero en los años recientes.

Conclusiones

Colombia había logrado un crecimiento del PIB-real per cápita aceptable, a ritmos del 2,2 % en promedio anual durante 1967-2017, pero ello implicaba tener que aguardar 32 años antes de ver duplicado el ingreso per cápita. Prácticamente se iba toda una vida laboral antes de alcanzar ese cometido de duplicación del ingreso per cápita, mientras que los países de Asia lo multiplicaban casi por 4 en ese mismo lapso.

Durante 2010-2014 dicho desempeño mejoró temporalmente a crecimientos del PIB per cápita del 3,9 % anual, lo cual implicaba una duplicación cada 18 años. Sin embargo, hemos visto cómo el fin del auge minero-energético del período 2015-2020 nos está llevando a una situación en la cual la duplicación del ingreso de los colombianos tomaría cerca de 40 años, en vez del histórico de 32 años.

En todo esto sigue pesando el elevado Costo Colombia (sobrecostos laborales, energéticos y de transporte), así como las nulas ganancias en PTF, ver Comentario Económico del Día 25 de abril de 2019. Para superar esta situación de marasmo, Colombia debe: i) continuar reduciendo sus costos

laborales no salariales, actualmente en niveles cercanos al 50 %, ahondando sobre los desmontes de 13,5 pp logrados bajo la Ley 1607 de 2012; ii) agilizar la dotación de infraestructura multimodal de calidad, lo que implica apuntalar la financiación y ejecución de las 4G, así como la finalización de los corredores de comercio exterior y el mejoramiento de las vías terciarias adyacentes; y iii) profundizar las mejoras en calidad educativa, donde al menos las últimas pruebas PISA presentan algunas ganancias.

Por último, si bien la reducción en la tasa efectiva de tributación corporativa formaba parte de los correctivos del Costo Colombia, esta no puede hacerse en detrimento de la estabilidad macro-fiscal de la economía (tal como ocurrirá por cuenta de la Ley 1943 de 2018). Un entorno macroeconómico sólido y estable es una condición necesaria para alcanzar las mejoras en PTF que permitan crecimientos sostenibles por encima del 4 %.

Las alertas recientes dadas por el FMI, la OCDE y las calificadoras de riesgo sobre faltantes fiscales estructurales deben conducir a impulsar reformas urgentes en el plano tributario, pensional y de justicia, para así lograr mejorar la PTF y acelerar el crecimiento. Este es el mejor camino para asegurar mejores crecimientos de nuestro ingreso-real per cápita, de tal manera que le apuntemos a que su duplicación ocurra cada 20 años, y no cada 40 años, como actualmente nos tomaría.

* Presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF). Este artículo contó con la colaboración de Juan Sebastián Joya y Carlos Camelo.