Por: Amadeo González Triviño

No es frecuente encontrar mediante una tertulia literaria liderada por personalidades de la sociedad de cualquier rincón de nuestra patria, dedicados a la política, a la economía y a los círculos sociales de refinados gustos, temas que conciten más allá del interés de sus oficios, los aspectos sublimes del alma, como los que pueden esconderse en los textos literarios del más grande de los escritores huilenses y especialmente una de las figuras de la literatura colombiana con gran impacto en la literatura universal.  Gracias infinitas por este espacio.

El conversatorio del académico y escritor Jorge Elías Guebely, en la semana que termina, ha sido muy significativo, de gran contenido humanístico y ha develado de la mejor manera el aspecto espiritual de la obra poética de José Eustasio Rivera con la obra poética  “Tierra de Promisión” y la forma como impactó dicho texto en su vida de costeño dedicado a la literatura y a la academia, que lo ha interpretado de la mejor manera con una serie de obras pictóricas que espera puedan ser exhibidas en una verdadera casa riveriana, que mucha falta le hace al Departamento del Huila, amén de su valoración humanística y trascendente cuando desgaja uno a uno los versos del poeta y nos explica según su concepción del mundo, esa angustia y esa “desazón suprema” en cada uno de ellos.

Ya había sostenido Miguel de León, en uno de sus escritos publicados en el Boletín Cultural Cuatrotablas No. 2 del año 2019: “Con solo dos libros publicados y una existencia truncada antes de cumplir los cuarenta años, José Eustasio Rivera consiguió transformar la visión que hasta entonces había sobre la narrativa de la selva, sobre la descripción del paisaje, otorgándole un sentido diferente a esa visión tranquila y bucólica que la retórica traía hasta ese entonces.”

La obra de este escritor huilense, que según se afirma ha sido traducida y universalizada más allá que la misma novela de Gabriel García Márquez, es la manera de reafirmar lo que todos los académicos tanto nacionales como internacionales han podido destacar de la novelística colombiana, para advertir que Jorge Isaac, José Eustasio Rivera y Gabriel García Márquez, son los insignes representantes de la literatura colombiana, que nos han iluminado en el camino de las letras y son faro permanente para reconocer a las nuevas generaciones literarias americanas.

Consideramos válida la recomendación del escritor Jorge Elías Guebely de generar los espacios y las movilizaciones sociales, académicas e intelecturales por recuperar ese lugar donde se congregue “La casa Rivera”, y no basta un centro de convenciones, no basta que una calle o una escultura sea suficiente para su reconocimiento. Es menester que ese centro, ese lugar, ese espacio donde confluyan todas las publicaciones que sobre este insigne escritor se han hecho, tengan como punto de encuentro la casa riveriana.

Y los aspectos del estudio de la obra de José Eustasio Rivera, no pueden detenerse y ni puede dedicarse solamente a mirar el estilo literario, sino que esta obra debe ser valorada a la luz de una espiritualidad que lucha contra una sociedad decadente, donde los valores humanos y las aflicciones humanas se dan cita en polos que se aproximan y se distancian, tal como sucede en esa creación de la palabra con “Tierra de Promisión” y “La Vorágine” que muchos conocemos.

Es hora de leer, releer y volver a pensar de qué manera nosotros los huilenses, nos ponemos en coro a difundir y dar a conocer la obra de nuestros escritores y propiciando la lectura, los conversatorios y los encuentros de la palabra, generamos una cultura que muchas veces dejamos de lado, por estar ocupados en menesteres que en nada contribuyen a nuestro desarrollo ético, moral y humano.