martes, 20 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-09-08 09:09

El capital social

Escrito por: José Eliseo Baicué Peña
 | septiembre 08 de 2018

Luego del 11 de septiembre 2001 las concepciones de seguridad, de gobierno, de política, de Estado y de economía, cambiaron.  El mundo se globalizó y con él, los modos de vida y formas de pensar presentaron un giro muy marcado.

Con estos cambios, llegaron los acelerados ritmos con que se mueven diariamente los millares de personas en medio de una aguda crisis económica que define rutas sociales insospechadas en la sociedad del momento.

En Colombia y, por supuesto, en Neiva se respiran aires con mezcla de estas cosas.  La inseguridad está creciendo, el costo de vida se eleva continuamente, los grados de intolerancia se evidencian en los diferentes escenarios, y como si fuera poco, la semana pasada el señor Sarmiento Angulo, dijo que era preciso gravar toda la canasta familiar.  Con ello, surge desesperanza en los capitalinos. 

Sería bueno saber cómo está operando la política pública de seguridad ciudadana en esta ciudad.  Pues toda política pública de seguridad ciudadana debe, por principio, responder a los problemas de violencia, delincuencia y crimen que afectan a una comunidad, entendiendo éstos como problemas públicos, que como tales, demandan una intervención desde el espacio público.

También debe tener los criterios orientadores para guiar el accionar de las autoridades, debe dar a conocer el horizonte de las estrategias y acciones que se diseñan e implementan, así como los objetivos del Estado, de los gobiernos de turno, de las organizaciones comunitarias, de los gremios y de los medios de comunicación. 

Así se genera el valor público, el cual sólo es posible cuando existen procesos de negociación y acuerdo político acerca del problema público que afecta a una comunidad y la forma como ésta, con el concurso de las autoridades, pretende solucionarlo.  Es decir, que en la medida en que este valor público responde a las preferencias y aspiraciones de los ciudadanos, es percibido por el conjunto de la sociedad, al ser consumido y disfrutado por la colectividad como un todo y no de manera individual.

De allí que la política de seguridad ciudadana debe ser consustancial con las políticas de educación, salud, recreación, cultura, empleo y justicia. Esto permite pensar que los avances en materia de educación y cultura, por ejemplo, pueden verse reflejados de manera positiva en las condiciones de convivencia y seguridad ciudadana de una comunidad. 

De otro lado, reconocer que la seguridad ciudadana es un bien público, un derecho que genera deberes, y tener como punto de referencia los conceptos de desarrollo humano sostenible, permite inferir que la construcción de dinámicas de convivencia y seguridad ciudadana no es una responsabilidad exclusiva del Estado, sino que, por el contrario, es también una tarea de diferentes instancias socializadoras. 

Quisiera saber ¿qué hacen los cientos de policías, soldados y miembros de la fuerza pública encerrados en sus batallones y estaciones? O es que solamente están “preparados” para custodiar la ciudad cuando viene el presidente o un alto miembro del gobierno?

Es urgente, desarrollar programas y acciones en doble vía, en los que la participación de los ciudadanos se constituya en un vértice fundamental, pues debe quedar claro que toda política pública de seguridad ciudadana debe generar capital social. 

Pildorita: ¿Qué se creen los guardas de tránsito con su imponencia, prepotencia y manipulación en el ejercicio de sus funciones?

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