sábado, 16 de diciembre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-12-06 08:46

El esclavo solo entiende el lenguaje de la férula

Escrito por: Froilán Casas
 | diciembre 06 de 2017

Infortunadamente hemos sido “formados” en la dependencia, por ello nunca seremos libres con ese esquema de educación. El miedo al castigo es el motor de nuestra conducta, como ahora no hay castigo, porque con ello se impide el libre desarrollo de la persona, entonces, amplia es Castilla, a darle rienda suelta a todos nuestros impulsos. Por otra parte, como tenemos una Constitución que tutela los derechos individuales, pues al piso los derechos sociales. La sociedad está llenándose de especímenes anárquicos que cometen toda clase de atropellos y todo en honor al mal uso de la  libertad. Formar en principios y valores es, según, los librepensadores, un irrespeto a la individualidad. Entonces crece la ley de la jungla: sálvese quien pueda. La ley del más fuerte, está a la orden del día. La formación de una conciencia autónoma está muy lejos del imaginario cultural. Quien rige su comportamiento por los parámetros de la autoridad, tiene una moral de esclavos. Si está el policía, respeta los semáforos y las señales de tránsito, si no está, pues la ley del atajo: por aquí que es más derecho. El esclavo necesita el látigo para que entienda, ¡qué tristeza! Ya desde la casa le enseñan al niño a comportarse en concordancia con argumentos de autoridad: si no se toma la sopa, le cuento a su papá, -aquí no hay argumentos de razón sino argumentos de autoridad-. Otra deformación que raya con el descaro: si pasas el año, te compro un teléfono móvil de última generación: un IPHONE X. ¡Qué criterios! Si se logra superar el año escolar, quien gana no es el papá, gana el hijo, por favor. Pasar el año es una obligación, eso es apenas normal, para eso está estudiando. ¿Quién es libre? Quien actúa con argumentos de razón, quien tiene convicciones y tiene en su actuar una tabla de valores y vive de acuerdo con ellos. Quien tiene valores, principios y convicciones no necesita ningún control. El control es su conciencia. Como vamos, estamos a años luz para llegar a este ideal. Nunca como ahora el Estado cuenta con tantos instrumentos para combatir el crimen, la corrupción, la impunidad: el aparato judicial es enorme, las ÍAS tienen una nómina burocrática que posibilita todos los controles; las leyes de Contratación: Leyes 80, 1150 y todos sus decretos reglamentarios; en ¿dónde está su eficacia? Ante tanta ineficiencia de muchos funcionarios, sobre todo del sector público, ¿dónde está la aplicación de la Ley 734 o Código Disciplinario Único? ¿Dónde está la Ley 190 o Estatuto Anticorrupción? Este país está lleno de leyes, ¿dónde está su eficacia? Palabras, palabras, palabras, tan solo palabras. En el colectivo cultural está la mentalidad: hecha le ley, hecha la trampa y el vivo vive del bobo. Mientras no cambie el corazón del hombre, toda causa en favor de la honestidad, está perdida. Las cárceles pueden atiborrase de sindicados o penados y la delincuencia sigue galopando en el país. Por otra parte, las cárceles no son ambientes propicios para rehabilitar a los internos: su trato es inhumano. No hay cosa más deprimente que visitar  una cárcel.

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