DIARIO DEL HUILA, TENDENCIA

EFE

En las profundidades del océano, allí donde no llega la luz, el sonido es fundamental para la vida de las ballenas. No es solo su método para comunicarse con otros ejemplares o recabar información en un ambiente a oscuras, sino que, gracias a él, también conciben su autopercepción.

El doctor en biología y director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI), Bruno Díaz López, explica en una entrevista con EFEverde que mientras algunas especies como la ballena azul emiten sonidos a muy baja frecuencia -imperceptibles para el oído humano- , otras como la ballena jorobada o ‘yubarta’ producen sonidos dentro de nuestro rango audible, dando lugar a su célebre canto.

Los delfines, al habitar cerca de la costa, han sido un frecuente objeto de estudio acústico, sin embargo, de las ballenas todavía se desconocen numerosos aspectos al habitar entre 5 y 10 kilómetros mar adentro: “Se están haciendo expediciones en Marte, pero todavía no sabemos lo que ocurre el fondo de nuestros océanos”, explica Díaz.

A día de hoy, no se ha podido comprobar que cada sonido emitido “tenga un significado concreto”, pero sí sabemos que, gracias a ellos, las ballenas informan a otros ejemplares sobre su comportamiento, su estado anímico o incluso se jactan “de un buen estado de salud para resaltar su atractivo a la hora de buscar una pareja”.

Algo “curioso” al respecto es que las ballenas pueden aprender cantos, del mismo modo que nosotros memorizamos canciones: al parecer su lenguaje es un rasgo “cultural” de cada población, que individuos ajenos a ella comienzan a imitar cuando llega un nuevo ejemplar a determinada zona geográfica.

Los sonidos que emiten las ballenas pueden transmitirse a “larguísimas distancias” y su estudio es “una ciencia muy reciente”, así, por ejemplo, durante la Guerra Fría se pensaba que estas frecuencias procedían de sónares rusos, puntualiza Díaz. Y añade que “una ballena en Galicia puede estar conversando con otra en la costa de Nueva York”.

Las ballenas, muy sociables

En este sentido, el biólogo marino y director del centro “Biosean”, Misael Morales, explica a EFEverde que esto es posible porque en el agua el sonido se transmite mucho mejor, “hasta 4 veces más rápido”, y que, gracias a estas conversaciones intercontinentales, las ballenas logran establecer rutas migratorias, encontrar potenciales parejas e incluso buscar nuevas poblaciones con las que reagruparse al otro lado del planeta: “Son animales que recorren distancias enormes y que se mueven de un hemisferio a otro, dependiendo la época del año”.

Pese a que en nuestro imaginario colectivo las ballenas son animales solitarios, en realidad “son muy sociales”; cuando se separan de su grupo para ir a buscar alimento emplean la acústica para volver a reencontrarse con ellos, ya que “cada uno tiene su propia voz y emite sonidos reconocibles para los demás”.

Sin embargo, Morales aclara que de momento no han percibido diferencias entre el canto de los machos y el de las hembras, ni siquiera entre crías o adultos -solo las han encontrado entre especies- y agrega que “cuando hay un grupo grande reunido es difícil detectar qué ejemplar está emitiendo sonidos”.

La principal diferencia del lenguaje de las ballenas con el de los delfines es que estos últimos también se sirven de la ecolocalización, una capacidad que les permite interpretar el eco de los sonidos que emiten para conocer los objetos a su alrededor, pudiendo detectar el tamaño de sus presas y dónde se encuentran.

Especie de radar

“Es una especie de radar que les permite crear una imagen mental de su entorno”, resume el biólogo.

Por último, advierte de que el aumento progresivo del ruido en los océanos supone una “grave amenaza” para especies con altas habilidades acústicas como los cetáceos.

“Es como intentar entablar una conversación en un concierto de rock”, sentencia Morales, y añade que las principales consecuencias de esta “contaminación” son el abandono de hábitats y de crías, además de daños en su salud, biología y ecología.