domingo, 19 de noviembre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-09-12 02:03

El Papa Francisco, un líder indiscutible, carismático y sencillo.

Escrito por: Pedro Arias
 | septiembre 12 de 2017

Su visita a Colombia será recordada por muchos años y servirá de referente para afianzar sus enseñanzas cristianas a una sociedad, como la nuestra, profundamente dividida y peligrosamente polarizada.

Desde su llegada a Colombia se ganó el afecto y el respeto de casi todos los colombianos. Su manera de expresarse, en forma sencilla pero directa, no dejó margen para interpretaciones sobre lo que quiso decir.

El Papa Francisco es un verdadero Pastor cuyo talante bondadoso contrasta notablemente con algunos obispos y sacerdotes que en el pasado fueron responsables de una época tenebrosa en que la Iglesia contribuyó desde sus púlpitos a la violencia política que por décadas ha azotado a nuestro país.

Al observar el genuino fervor religioso católico, tan de capa caída en Colombia, pero que ha vuelto a despertar el Papa con su visita, nos alegra, porque sabemos que el pueblo acoge con cariño sus enseñanzas de perdón y reconciliación para sanar las heridas de tantos años de guerra fratricida y para sellar una paz duradera.

Desafortunadamente tenemos que recordar la historia para no volver a repetirla. Surge, en contraste con la luminosa figura del Papa Francisco, de entre las tinieblas de la oscura noche de la violencia en Colombia, la del obispo Miguel Ángel Builes.

Desde cuando fue designado obispo de Santa Rosa de Osos en 1924 hasta su muerte en 1971, monseñor Builes convirtió el púlpito en una verdadera trinchera para combatir las ideas contrarias a sus convicciones e incitaba a los campesinos a ser soldados de Dios para ´combatir el ateísmo liberal´. Fue un fanático integrista que en los años de la República Liberal (1930-1946), cuando la sociedad se abría a distintas formas de expresión política, cultural y social, y el poder eclesiástico sentía disminuir su influencia, encarnó la oposición del clero a los cambios derivados del incipiente proceso de industrialización. Prohibió en forma explícita absolver a cualquier liberal, porque ser liberal era pecado imperdonable. ´Así se lucha, cuando no hay armas para hacerlo en forma franca´.

Con todas sus fuerzas arremetió contra la reforma constitucional de 1936 tildándola como ´una campaña contra Dios y contra la Iglesia´, y en un escrito titulado “Manifiesto de los prelados de Colombia al pueblo católico”, amenazó al Congreso que tramitaba la reforma: ´Ni nosotros, ni nuestro clero, ni nuestros fieles permaneceremos inermes y pasivos´. Se opuso al reconocimiento de los derechos políticos a las mujeres, al sindicalismo, al que llamó ´una aberración del Partido Liberal´ y a la educación mixta. Satanizó el cine, la radio, las novelas, el baile, el uso de pantalones por las mujeres y ni qué decir de las minifaldas…

Se alineó, como casi toda la jerarquía eclesiástica, con los personajes más radicales liderados por Laureano Gómez, quien orientó la oposición contra los gobiernos liberales bajo la consigna de “hacer invivible la República”, lo cual se tradujo en la beligerante participación del clero en la política partidista. Como uno de los más conspicuos representantes de la Iglesia de su época, monseñor Builes tiene también su cuota de responsabilidad en la polarización que desembocó en la violencia bipartidista y sus más de 300.000 mil muertos.

Cómo cambian las cosas con el correr del tiempo. Hoy, el máximo prelado de esa misma iglesia, quien también ayudó a las  víctimas de la dictadura militar de su natal Argentina, un Jesuita inteligente, carismático y sencillo, vino a Colombia a respaldar el Proceso de Paz tal como la había prometido en el año 2016: “Yo prometo que cuando éste acuerdo sea blindado por el plebiscito y el reconocimiento internacional, estaré en Colombia para enseñar la paz”.

El resultado de las votaciones en el plebiscito fue que, de manera sorpresiva, se impuso el ‘No’, lo que provocó una fractura en la sociedad: el ‘No’ obtuvo el 50,21% de los votos y el ‘Sí’, el 49,79%, lo que obligó al gobierno del presidente Juan Manuel Santos a renegociar el acuerdo con las FARC, que, además, aceptaron las nuevas condiciones y lo firmaron en el Teatro Colón, con la aprobación de la Comunidad Internacional y entregaron su arsenal bélico a los representantes de la ONU, –8.112 armas individuales y colectivas y 1’300.000 proyectiles– y están en el proceso de convertirse en un partido político legal.

La presencia particular de quienes “pierden la paz por la cizaña” en los eventos del Parque Simón Bolívar de Bogotá, no fue tan notable, como sí las palabras que esa tarde pronunció el Papa Francisco ante 1,3 millones de personas allí congregadas: “Podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada”. “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: no tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades”. “Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad”.

Ésta ha sido pues, una de sus misiones más importantes como líder religioso: la de apoyar la paz en Colombia, porque en su viaje se une lo ético, lo político y, naturalmente, lo religioso. Pero el Papa sabe que la tarea no será un camino de rosas. “En todo este proceso, largo, difícil, pero esperanzador de la reconciliación, resulta indispensable también asumir la verdad. Es un desafío grande pero necesario”, afirmó ante más de 600.000 personas que acudieron a verlo en Villavicencio.

Aunque el Papa hizo gala de toda su lucidez mental para enseñar la paz a los colombianos, él sabe muy bien que hay fuerzas poderosas que no cederán fácilmente, y por eso dijo: “Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos, cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”.

Vamos a ver qué dicen los opositores a los Acuerdos de la Habana, sobre la visita del Papa Francisco, sobre su cita de una larga frase de García Márquez en su última homilía de Cartagena y, lo que es más importante, sobre sus insistentes pedidos para que ´demos ese primer paso´ hacia la paz.

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