Tras más de un año sin viajes internacionales por la pandemia, Francisco ha elegido Irak como destino, en una visita histórica destinada a facilitar la inclusión de los cristianos y llevarles consuelo tras la brutal persecución sufrida a manos del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

Mientras se trabaja aún en el programa, el portavoz vaticano, Matteo Bruni, reveló que el papa recorrerá, del 5 al 8 de marzo, Bagdad, Ur, vinculada a los orígenes de Abraham; Erbil, Mosul y Qaraqosh, en la llanura de Nínive, donde poco a poco los cristianos están comenzado a volver. Aunque todo dependerá de cómo evoluciona la pandemia.

«Es realmente el mejor regalo de Navidad que el papa les puede hacer», dice María Lozano, portavoz de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, sobre la gran emoción causada por el anuncio del viaje entre la minoría cristiana en Irak, obligados a un éxodo masivo del que parecen empezar a recuperarse tras estar a punto de desaparecer.