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El Parque Santander de Neiva, entre el atractivo y el olvido 

Mar 14, 2022

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Por: Hernán Guillermo Galindo M

El Parque Santander, en el centro de la capital de Huila, es la sala de recibo de la ciudad para quienes llegan con el propósito de conocer o de hacer algún negocio, de los que retornan a la tierra que añoran. Es un punto de encuentro para todos.

Visitar el Parque Santander en el centro de Neiva siempre genera y recoge sentimientos encontrados. Es punto obligado de encuentro para la cita casual o de negocios, lugar de turismo para quienes llegan por primera vez a esta ciudad, para otros es su lugar de trabajo. Por eso llegar a este sitio permite encontrar toda clase de historias.

Diario del Huila visitó de nuevo el Parque Santander para observar cómo es la dinámica actual de este emblemático sitio en el corazón de la ciudad de Neiva.

Lo primero que encontramos es a un señor de avanzada edad que trabaja como fotógrafo, Camilo Pascuas, labora junto a la pila del parque, que en el momento de la visita está apagada. “Llevo aquí desde que me conozco, he visto este parque cambiar y transformarse. Pero lo de siempre, la gente no tiene sentido de pertenencia y todo lo acaban.

Fíjese que la anterior administración quitó las bancas porque eran la letrina de los habitantes de calle y así es con todo. Mire ahora la pila la prenden de cuando en vez, es un atractivo para los que vienen especialmente de los pueblos, de paso uno se gana alguito con la foto, ahora nos tienen aullando”, dice don Camilo.

Caminando por el parque

Tanto para los habitantes de Neiva como los que  llegan, bien sea de paso o por turismo, la visita al parque Santander es casi que una necesidad por ser un punto de encuentro obligado como quiera que en su zona de influencia se encuentran los principales edificios de la ciudad: La catedral de la Inmaculada Concepción que encanta con su inspiración de estilo gótico, el tradicional Hotel Plaza, el Centro Comercial Metropolitano, sector bancario y comercial, la sede de la Asamblea departamental, el Palacio del Mosaico, sede de la Gobernación del Departamento, el Palacio de Justicia, entre otros.

Lo cierto es que siempre que se visita el Parque Santander son muchas las quejas que se recogen de quienes trabajan, bien sea en los establecimientos legamente constituidos o de manera informal, o de los que llegan de paso en calidad de turistas o a hacer alguna diligencia en cada uno de los establecimientos que se concentran alrededor de este lugar.

Al llegar al costado, cerca de la catedral de la Inmaculada y el hotel Plaza, en la zona de lustrabotas, se encuentra Rodrigo Torres, quien ejerce este oficio de años atrás. Dice que el parque sigue, como ha estado bastantes años, abandonado, y que solo de vez en cuando le hacen algo de mantenimiento. “Solo hay respuesta para atender el tema de las basuras, que a veces duran días en la zona, esto gracias a la queja que hacemos a través de los medios como ustedes”, dice.

“Hay muchos habitantes de calle que duermen especialmente en las noches y dejan el lugar hecho un muladar. Para poder abrir nuestro puesto de trabajo siempre nos toca realizar una brigada de aseo todas las mañanas”, agrega.

Los turistas siempre llegan hasta el parque, bien por curiosidad o porque se quieren llevar un recuerdo en imágenes de su visita a Neiva. Una foto en la pila, en la estatua a Santander o frente a la Catedral, al igual que el edificio de la Gobernación, son las preferidas, sin dejar atrás la iglesia colonial ubicada en uno de los extremos del parque.

En este lugar encontramos a una familia que toma los registros del recuerdo, José Pérez y su esposa Clara Martínez, cuentan que vienen del municipio de Acevedo y es la primera vez que llegan a Neiva. “Es interesante conocer la capital y llevar un recuerdo para el resto de la familia”, dice José.  

“Lo que sí le queda a uno como recuerdo es lo mal que se mantiene el parque, creíamos que era mucho más atractivo, no hay donde sentarse a tomarse un agua o un refresco. Toca con los vendedores informales que le prestan a uno una silla cuando las tienen. El aseo no es el mejor. Pero bueno, conocimos y nos llevamos una idea de este lugar en la capital”, añade Clara.

El lunar permanente y en eso coincide con la mayoría de los visitantes del parque, es la alta presencia de habitantes de calle que deambulan por la zona sobre todo en las horas de la noche y temprano en la mañana. “Se la pasan para arriba y para abajo”, dice Gloria, una de las vendedoras informales, quien ofrece raspados y chupetes, preocupada por los problemas en su lugar de trabajo. “Como puede observar la presencia de turistas es muy poca, la situación económica, el poco atractivo que ofrece el parque hace que este año al igual que el año pasado no haya muchos turistas”.

El parque ha sido remodelado varias veces y es prácticamente el corazón de la ciudad. Las personas, llegan allí como sitio de encuentro de ciudadanos. Se plasma la frescura de sus árboles y el disfrute de la sombra, mientras en la tarde se espera la presencia de los loros que llegan a descansar sobre las 5:00 de la tarde, sus murmullos sonoros inspiran el final del día.

Favio Suarez un celador de uno de los bancos ubicado en el parque Santander aporta sobre la fuente que ha sido reparada y puesta en funcionamiento en varias oportunidades. “No hemos podido entender porque siempre la arreglan, dura funcionando poco tiempo y luego pueden pasar días y hasta meses sin tenerla en funcionamiento”, añade.

Como en anteriores visitas, una queja recurrente tiene que ver con la seguridad que al igual que en otros sectores de la ciudad es cuestionada pese a los esfuerzos de las autoridades por erradicar el robo, el hurto o cualquier clase de delito contra el ciudadano.

En este aspecto se refiere Zunilda Oncoró, empleada de una casa de cambios. “Sobre la seguridad, si es buena, la policía constantemente está haciendo ronda, no se ha presentado temas de atracos y robos, o lo menos en los momentos en los que me encuentro laborando”, manifiesta.

Siempre recorrer el parque Santander dejará ese sabor agridulce entre los recuerdos, las alegrías e historias que ha generado a los habitantes o visitantes de Neiva, “por eso es un lugar entre el recuerdo y el olvido”.

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