DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

En el concurrido y rentable negocio de las falsificaciones se consiguen las marcas más prestigiosas del mundo a mitad de precio. Estos mercados se encuentran en todo el mundo. En populosos sectores comerciales de las grandes ciudades, como Taiwan y Singapur, capitales del mundo como Nueva York y París, pasando por los mercadillos callejeros de Madrid, los sanandresistos de Colombia, hasta las calles del microcentro de Neiva.

Pero, curiosamente, pese a ser un delito la violación de la propiedad intelectual, de patentes y derechos de autor, ser pirata o comerciar productos falsos parece no ser un delito. Las ventas se dan en espacios públicos, centros comerciales populares y, en muchas veces, al aire libre.

Economía sombra

Y es que en muchos países la falsificación y violación del derecho de autor forma parte de la llamada ‘Economía Sombra’, un concepto que hace referencia a un cúmulo de bienes y servicios ilegales que no son detectados por mediciones oficiales y que afectan el Producto Interno Nacional.

Por eso, con el objetivo de dar a conocer los daños causados por la falsificación y la piratería a las empresas legales y al empleo formal, ayer, como cada 8 de junio, se ¿celebró? el Día Mundial contra los dos conceptos, una jornada internacional creada en 1988 por el Grupo Mundial de Lucha contra La Falsificación.

“En muchos lugares el negocio ilegal prospera porque hay personas dispuestas a pagar la mitad del precio de lo que vale un producto de marca. El único motivo es tener algo parecido a lo real”, comenta, a la salida del Palacio de Justicia, el abogado Ricardo Ciciliano, quien dice saber del tema.

Colombia aparece en los listados como consumidor de productos falsificados, pero no como productor, señala. Y aclara que en el país se falsifica especialmente libros, música, ropa, camisetas de los equipos de fútbol y elementos cosméticos como perfumes.

¿Por qué comprar algo teniendo la certeza de que no es original? “Por el simple hecho de tenerlo y contar con una versión aproximada; o por simple apariencia. Por moda, vanidad o porque somos un país que esta práctica no es sancionada ni condenada como merece”, responde el profesional Ciciliano.

Y porque el producto original es mucho más costoso que la réplica. En muy pocas situaciones se sabe a ciencia cierta cuál es el falso y cuál es el verdadero.

Taiwan es el país más falso, ya que ocupa el primer lugar en la clasificación de los fabricantes de imitaciones. Le siguen Corea del Sur, Italia, Tailandia, Pakistán, Hong Kong, Holanda, España, Marruecos y Portugal. En el continente americano se destacan Estados Unidos, Canadá y Brasil.

Filomena Pardo, con un puesto de camisas de marca imitadas, ubicado en Los Comuneros, reconoce no saber mucho del tema y acepta que una simulada, aunque hay rangos de calidad, A, AA y AAA, tienen una vida mucho más corta que la original.

Según Alexandra López, vendedora de un almacén de Polo, cuyas camisetas son las más copiadas en el mercado de ropa, confiesa que es complicado distinguir entre el fraude y la original, “aunque una prenda fraudulenta no pasaría el control de calidad. Se dañan, se deterioran muy rápido”.

Curiosamente, según Fernán ‘Tatán’ Tole, vendedor de Metropolitano, centro comercial situado en el centro de la ciudad, cuyos locales la mayoría se ocupa de la venta de tenis, buena parte de los compradores de las falsificaciones pertenecen a las clases más acomodadas.

Unas zapatillas, una sudadera o una camiseta han pasado de ser prendas deportivas a convertirse en verdaderos objetos de lujo, sobre todo entre los más jóvenes.

“Ven en estos productos la oportunidad de llevar las marcas, que supuestamente, son propias de su condición social, a unos precios mínimos”, opina.

Y agrega que as firmas de moda de los consumidores jóvenes son Levi s, Reebok, Adidas, Nike, Lacoste, etc.

Cualquier firma de prestigio reconocido es susceptible de falsificación y paradójicamente mucha producción falsa es más grande que la original, nos aporta el abogado Ciciliano.

“Mucha de la música, películas y libros, que ocupan un especial lugar en el campo de las más falsificadas, tienen copias en el mercado antes de que pase un año. En muchas ocasiones salen al mercado primero las copias que los originales”, manifiesta Saúl Montilla, de Los Comuneros.

El mercado del cuero, los cinturones, billeteras y bolsos de marca, también están en la mira de los falsificadores.

¿La copia o el original?

Los radios, aparatos electrónicos y algunos electrodomésticos también están dentro de los falsificados.

“Muchos clientes preguntan si es original o copia. Y calculan el precio. Hay gente que no le importa la calidad, sino el menor valor, así sepan que el radio ‘Sony’ que compran no es original Sony. Y se equivocan. La calidad no se improvisa”, afirma una asesora de un local en Sanandresito.

En un rápido recorrido por la carrera quinta y la octava, peatonales de la ciudad, debajo de las sombrillas de carretas estacionarias o ambulantes hay un gran mercado ilegal de imitación de correas, bolsos, joyas, lociones, confecciones, música y contenidos audiovisuales para todos los gustos.

“No es exagerado decir que la mayor parte del comercio que usted encuentra en el microcentro de Neiva y en los centros comerciales vecinos está en manos de productos falsificados o copias. Unas más buenas que otras. Lo importante es que hay demandas y clientes para todo”, cuenta Cleofe Tibaná, vendedora de cordones y medias, claro, ‘Nike’.

María Juliana Marín, de un almacén de Bosi, explica que en el  tema de la moda y las copias se habla de varias categorías: las imitaciones o falsificaciones y las réplicas. Son dos espacios diferentes.

“En el caso de las réplicas se hace referencia a esas copias casi exactas de un producto original: prendas de vestir, carteras, zapatos, joyería, productos cosméticos, etc. La finalidad de los productores y distribuidores es engañar, intentar o conseguir pasar por original algo ‘chivado’, algo que no lo es.

La falsificación es un problema mundial que está ampliando enormemente su alcance en las principales redes sociales, señala Henir Llanos, egresado de la Corhuila, de Publicidad y Mercadeo:

“Instagram es la plataforma más usada para la venta de este tipo de productos fraudulentos. Muchas veces sin el conocimiento del comprador, que después no tiene fácil dónde quejarse”.

Mi selección  

A pocos días del inicio de la Copa América, las ventas de réplicas de camisetas de la Selección Colombia empezaron a aumentar. Los puntos de venta proliferan en muchos sitios públicos, una muestra de que la comercialización de las réplicas está muy lejos de ser una actividad clandestina.

“Nuestro Código Penal contempla los delitos de falsedad marcaria y la usurpación de derechos de propiedad industrial, pero son pocas incautaciones o las medidas para controlar a los piratas”, finaliza el abogado Ciciliano.