Por  Julio Bahamón

A finales de cada año el sector privado, banqueros, industriales, comerciantes y representantes de los gremios económicos, etc. se reúnen por mandato de la ley con los voceros de los sindicatos bajo la supervisión del gobierno nacional a efecto de “negociar” el incremento del salario mínimo que regirá para toda la clase trabajadora del país durante los 12 meses siguientes. El tinglado lo comienzan a montar desde los primeros días de noviembre y la farsa continua hasta finales de diciembre de cada año.  Ha sido tal el despropósito y la falta de seriedad de parte de los empresarios, que se apoyan en esa fórmula, para faltarle al respeto a los trabajadores colombianos. Hoy, para hablar de cifras, un obrero se gana mensualmente por salario mínimo incluido el incremento que recibe por concepto de subsidio de transporte, la suma de $ 980.657 pesos equivalente a US$ 285 dólares. Una familia común puede estar integrada por 5 personas en promedio, los padres y tres hijos, esa prole tiene gastos fijos al mes de $ 1.290.000 representados en: arriendo $500.000; salud $40.000; pensión $40.000, gastos extras de sus hijos en colegio público, transporte y refrigerio, libros etc.  $40.000, por servicios públicos, energía, agua, alcantarillado y gas $ 70,000, y por alimentación, mensualmente gastan en mercado $600,000, es decir, esa familia acumula un déficit mensual de $310.000 y al final del año, la suma es de $3.720.000. ¿Se dan cuenta porque la gente se enverraca a cada rato? Algunos me dirán: ­Ah. Pero es que la esposa también puede trabajar y podría aportar otro salario mínimo a la economía familiar. Si señores, eso podría ser verdad en el entendido de que a todas las familias el gobierno les garantizara un empleo para que pudiera ser sumado a los gastos en sus hogares, pero eso no es cierto en Colombia.  Con un porcentaje de desempleo del 14% como el que tenemos hoy, que equivale a algo más de 4.500.000 ciudadanos en paro, o con empleos informales, el país atraviesa por una crítica etapa laboral. Para no ir lejos, en el Huila la pobreza extrema es superior al 50%.  Algunos dirigentes son conscientes que, de cada cinco familias al menos tres de ellas no tienen como pagar las tres comidas diarias. El fenómeno de desigualdad social ha aumentado la brecha entre ricos y pobres, por lo cual es evidente que el gobierno tiene la obligación de ayudar a quienes lo necesitan y no creo que deba hacerlo mediante subsidios temporales, sino proveyéndoles de un empleo digno, con salarios decentes que les permita tener poder adquisitivo. Pero sentarse a la mesa con los empleadores a mendigar un salario justo por su trabajo es absolutamente indignante cuando no existe ánimo de contribuir con parte de sus millonarias utilidades a resolver un tema vital para la supervivencia de la clase trabajadora del país. Ofrecerles, como lo hicieron durante esta frustrada negociación un incremento del 2% es un insulto a la inteligencia del ser humano, y se consideraría por parte de los trabajadores que los empleadores han pateado la mesa de negociación y por consiguiente los obreros están en la obligación, por dignidad, a levantarse de la mesa y dar por terminado el proceso. La posición de los magnates, como lo dijo un empresario de Barranquilla para criticar la postura insolente de sus compañeros, que ofrecieron un 2% de aumento, “mandan huevo”. Yo creo que sí.  Basta ya de manoseo a la clase trabajadora, es la hora del congreso, a fin de que se ocupe de modificar la formula vigente y legislar, al igual que legislo en materia de incremento de sus mesadas, la más reciente sancionada por el propio presidente Duque que fijo el estipendio para los congresistas para el próximo año en $34 Millones de pesos, es decir, a los legisladores les aprobaron un incremento del 5,7%, mientras que a los obreros los someten a jornadas de negociación extenuantes para darles de aumento,  al final del año,  una mínima cuantía.