Harold Salamanca

 

De acuerdo con la historia, la palabra salario proviene de la antigua Roma, donde la sal era tan valiosa, que los pagos a los funcionarios públicos se realizaban en paquetes de sal, que después fueron usados como moneda de cambio. La cantidad de sal que cobraban recibía el nombre de “salarium”, de donde derivó después la palabra salario. En Colombia, el salario mínimo fue establecido, por primera vez, por la Ley 6 de 1945, con un valor de dos pesos diarios.

 

El recuento anterior adquiere un significado especial en la fecha en la que nos encontramos, en la cual, las centrales obreras, el gobierno nacional y los gremios empresariales, reunidos a instancias de la comisión permanente de concertación de políticas salariales y laborales, tratan de establecer el salario mínimo que regirá para el próximo año.

 

Para este cálculo, se tiene muy en cuenta el nivel de inflación, que, de acuerdo con el Departamento Nacional de Estadística, DANE, presenta un acumulado en los últimos doce meses del 1,49%, y un acumulado enero – noviembre 2020 del 1,23%. Estas cifras apoyan la propuesta de incremento de los gremios, que está por el orden del 2%, también soportada en proponer un incremento moderado, buscando acelerar la reactivación productiva, después del fuerte golpe al empleo generado por la pandemia.  Por otra parte, la propuesta de las centrales obreras, propende por un incremento del salario mínimo del 14%, basado en que los hogares necesitan mayores ingresos para subsistir y para reactivar la economía.

 

Conocido el complejo escenario, considero que se debe proceder con cautela. Esto en atención a que si se acoge la formula de los gremios, podríamos propiciar escenarios de inequidad, teniendo en cuenta que de los 9.5 millones de los trabajadores formales, 7.1 millones, es decir, el 75% ganan el salario mínimo. Y ni que decir de los otros 5,7 millones de compatriotas que trabajan en la informalidad. En este sentido, resulta evidente que el aumento propuesto por los gremios, mina de manera importante el poder adquisitivo de quienes dependen de bajos salarios. Por el contrario, si se tiene en cuenta la propuesta de las centrales obreras, se podría restringir la creación de nuevas plazas de trabajo.

Para finalizar, considero que el camino es una solución intermedia, que permita aumentar la capacidad de compra de trabajadores para fortalecer la demanda interna y a su vez, logre estimular la formalización del empleo.