Por: Aníbal Charry González

A raíz de la visita que hiciera Ingrid Betancourt a nuestro país después de 13  años de haber sido liberada de su infame secuestro,  como lo fueron todos los que cometieron las Farc sometiendo a sus víctimas a las más viles condiciones de cautiverio, donde confrontó duramente a sus verdugos para que hubiese verdad y una verdadera reconciliación, en el entendimiento de que según lo afirmaba la paz no es un discurso político como cacarea el gobierno de Duque con su salmodio de paz con legalidad, sino ante todo una relación humana, el cancerbero del uribismo porque no se le puede llamar de otra forma,  Ernesto Macías, en forma desorbitada como lo haría en la mitología griega el auténtico cancerbero representado como un monstruo de tres cabezas  y ojos incendiados encargado de custodiar el Hades, trinó,  o mejor ladró demostrando su mala leche, que Ingrid en lugar de postrarse ante Uribe por su liberación,  vino a darle la mano a sus verdugos de las Farc y a apoyar a Gustavo Petro.

Y esto fue lo que dijo Ingrid en su discurso de reconciliación en el teatro La Libertad de Bogotá,  que motivó la canalla respuesta de Macías, ´´Debo repetirles que mientras nuestra pesadilla sea solamente nuestra,  mientras ustedes no se despierten por la noche con las mismas pesadillas que nosotros,  estaríamos en la misma distancia, de no poder explicarle a Colombia lo que verdaderamente sucedió, volver a ser humanos es llorar juntos. Algún día tendremos que llorar juntos,  por el sufrimiento de ustedes, el de su vida,  por el sufrimiento que nos causaron, por el sufrimiento en Colombia que lo vemos en los muchachos que están en las calles porque tienen hambre, porque no tienen trabajo,  porque siendo pobres los asemejan a terroristas, a combatientes de las Farc´´.

No pudo ser más  humana y realista su declaración con miras a una auténtica reconciliación, que es lo que no hemos podido o querido hacer en este violento país permanentemente incendiado por motivos politiqueros como lo hace Macías, que lo que quería oír era un discurso de odio a sus verdugos y de alabanza eterna a Uribe por haber logrado su liberación, y de confirmación de que la juventud que protestaba actualmente por su abandono eran terroristas que no tenían razón de ser para ello,  como se ha catalogado a todo aquel que haga oposición a los nefastos gobiernos de su patrón en cuerpo propio y ajeno, violadores sistemáticos de los derechos humanos.

Pero lo que despertó la lengua de fuego de Macías,  fue escuchar adicionalmente, sin tener en cuenta la dura confrontación que hiciera Ingrid a sus verdugos, como quizás antes nadie lo había hecho, fue la mención que hiciera a Gustavo Petro afirmando que tenía unas iniciativas interesantes, entendiendo que había algunas cosas que él quería reformar como consecuencia de su permanente reflexión sobre el país, que se concretó en su infame ladrido de odio y de guerra que quiere mantener su partido político como estrategia no menos infame de vigencia política.