viernes, 07 de agosto de 2020
Opinión/ Creado el: 2020-07-31 12:02

El trino del presidente y la libertad de cultos

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 31 de 2020

Por Ernesto Cardoso Camacho

Es increíble que en medio de tantas dificultades institucionales, económicas, sociales y de salud pública agravadas por el virus; los medios, algunos periodistas y columnistas; hayan dedicado buena parte de sus tiempos y espacios de opinión a censurar el contenido del trino del presidente, calificándolo de haber violado la Constitución y el Estado de Derecho, simplemente por haber expresado públicamente su fe religiosa al conmemorar un nuevo aniversario de la Virgen de Chiquinquirá, patrona de Colombia.

Para ello se han apoyado, ponderando la decisión de la Sala Laboral del Tribunal Superior de Cali, al fallar una tutela que planteaba la violación de derechos fundamentales de quienes no son creyentes o de quienes teniendo alguna creencia religiosa distinta a la del presidente. Además por presuntamente haber infringido el principio constitucional de Estado laico.

 En consecuencia, el tutelante exigía que la decisión judicial ordenara retirar la publicación del mencionado trino, hecho que efectivamente ocurrió. Desde luego, el fallo será impugnado para que lo revise la Corte Suprema de Justicia y eventualmente podría ser revisado por la Corte Constitucional.

Este hecho demuestra una vez más que la intolerancia de muchos de tales personajes tiene un alto contenido ideológico que se caracteriza por censurar las convicciones aún personales e íntimas del presidente Duque, pues no cesan de relacionarlo con la evidente y reiterada animadversión hacia su mentor político, el expresidente Uribe.

Por otra parte, dicha intolerancia se manifiesta también hacia quienes practicamos el culto cristiano católico, actitud que viene siendo recurrente en quienes comparten la ideología de género, el aborto, el matrimonio y la adopción por parejas del mismo sexo, la eutanasia; en fin, por quienes consideran que los valores y principios tradicionales que caracterizan a la gran mayoría de las familias colombianas, practicantes de la fe cristiana católica y que veneramos a la Virgen María como madre de Jesucristo, somos dinosaurios camanduleros de una espiritualidad que  esta mandada a recoger por anacrónica y conservadora.

Toda esa evidente campaña de agresión y descalificación orquestada por fundaciones extranjeras como las de Soros y Bill Gates; así como por gobiernos y partidos políticos que se autodenominan progresistas; replicada constantemente por los grandes medios de comunicación, tiene un claro propósito ideológico dirigido a obtener el control político en las sociedades y naciones que aún mantienen la vigencia de valores y principios éticos y morales fundados en el cristianismo.

En últimas, al compartir y ponderar la controvertible decisión judicial en comento, están validando un grave yerro jurídico del Tribunal, pues el soporte argumentativo del fallo termina es incurriendo en una aberrante contradicción argumentativa y conceptual.

La razón de ésta afirmación es tan simple como contundente. Es verdad que somos en Colombia un Estado Social de Derecho no confesional y por tanto laico, es decir, donde existe la libertad de culto. “ Se garantiza la libertad de culto. Toda persona tiene derecho a profesar libremente  su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley”,  precisa el artículo 19 de la Carta. Así mismo, el artículo 18 garantiza la libertad de conciencia.

Siendo así, es claro que el Presidente es un ciudadano que al ser elegido como tal, adquiere una investidura que no le hace desaparecer su condición de ciudadano y en consecuencia, tiene los mismos derechos consagrados para todos en el artículo 13 por razón de la igualdad. No obstante, se le  pretende restringir tal derecho, al considerar que es el jefe del Estado y con un argumento peregrino se apela al artículo 6 de la constitución donde se delimitan los derechos y deberes entre el ciudadano y el servidor público.

Para zanjar la discusión es indispensable atenerse a lo que textualmente se registró en el trino y es inequívoco que su contenido es una manifestación personal en ejercicio de su libertad de culto y no como un acto de gobierno.

Respetando las libertades religiosas de nuestro país y en clara expresión de mi fe, ……………………”.  Muy difícil tergiversar tan precisa circunstancia.