miércoles, 15 de agosto de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-02-13 09:20 - Última actualización: 2018-02-13 09:20

El vergonzoso abuso sexual infantil en el Huila

Escrito por: Pedro Arias
 | febrero 13 de 2018

Hay un refrán popular que dice “En todas partes se cuecen habas”, cuyo significado es que no solamente le puede pasar algo malo o cometerse alguna injusticia contra alguien, sino que eso le puede suceder a cualquiera y en cualquier lugar.  Se podría entender como que en todas partes suele suceder lo mismo porque los seres humanos somos muy parecidos.

Por ejemplo, hace muy pocos días en Estados Unidos (que se supone es un país civilizado) en Lansing, Michigan, condenaron a un médico deportólogo de nombre Larry Nassar a más de 175 años de cárcel, sin derecho a libertad condicional, por haber abusado y violado a más de 125 niñas gimnastas.

En una de las audiencias del juicio un padre enfurecido le pidió a la juez que se lo dejara por cinco minutos, solicitud que lógicamente la juez no le concedió, por lo que el señor trató de abalanzarse contra el violador y tuvo que ser contenido y retirado del recinto por los oficiales de la Corte.

Esas niñas tuvieron que sufrir en silencio el calvario de haber sido abusadas por este bellaco, por lo que la juez Federal Rosemarie Aquilina, dictó sentencia en nombre de los Estados de la Unión, pero también como mujer, como madre y como ser humano: “Es mi privilegio sentenciarlo porque no merece salir de la cárcel nunca jamás. Acabo de firmar su sentencia de muerte”.  Y posiblemente así será, porque ese miserable tiene 54 años, y allá no le van a rebajar ni un año, como aquí pretenden hacerlo con Garavito, que además de violador es asesino de niños.

Cómo da ira cuando uno sabe que, así como pasó allá y nadie vio nada o se hicieron los de la vista gorda, aquí en Colombia y en el Huila, todos los días, a cualquier hora, son violados niños y mujeres y muy pocos ven algo y los que ven miran para otro lado.  

La justicia no reacciona en forma drástica. En Barranquilla, otro miserable de nombre Juan Carlos Sánchez, que se auto apodó ´Lobo Feroz´, acusado de violar a 500 niños, ya había sido capturado pero lo dejaron salir por vencimiento de términos. Ahora están esperando, para llamarlo a juicio, que lo extraditen de Venezuela, a donde se escapó a seguir cometiendo sus crímenes.

Los casos de abuso sexual contra menores de edad ocurridos en el país han disparado las alarmas, no solo por la crueldad con que se cometieron, sino por la lentitud con que reacciona la justicia, lo que nos obliga a conocer y a estar pendientes de lo que se está haciendo por la protección de nuestros niños y niñas.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar reportó que en el año 2017, adelantó cerca de 2.500 Procesos Administrativos de Restablecimiento de Derechos en favor de niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia sexual, de los cuales más de 400 casos se presentaron en el departamento de Huila, lo cual es vergonzoso.

Medicina Legal reportó que los municipios con el mayor número de casos valorados fueron Neiva, Pitalito, La Plata, San Agustín, Acevedo y Garzón. Por su parte la Secretaría de Salud indica que los factores de vulnerabilidad que más inciden en el abuso sexual a los menores en nuestro departamento son la marginalidad, la cultura patriarcal y machista, las familias disfuncionales y la tolerancia a las situaciones de maltrato. En las áreas rurales es donde más expuestos están los menores a ser abusados.

Los abusos sexuales suelen ser delitos silenciosos, porque la mayoría de estos ocurren en las mismas viviendas de las víctimas o de los victimarios. Los abusadores de niños generalmente son familiares o personas allegadas a las víctimas. Pero no son solo los adultos los abusadores, también hay menores que abusan de otros niños.

El abusador puede ser cualquiera, padrastros, primos, tíos, padres, abuelos, hermanos, cuñados, novios, encargados de cuidar de los niños, vecinos, profesores, sacerdotes y pastores. La mayoría de los niños, por diversas razones, no dan información de quién es el agresor, por engaño o por el chantaje de que también son víctimas. Y si se atreven a hacerlo los acusan de mentir o de imaginarse cosas que no son ciertas. A los niños hay que escucharlos.

Me uno a las voces de rechazo contra el abuso y la violencia sexual a los menores de edad, que deben ser castigados en forma ejemplar, como lo hizo la juez Federal de los Estados Unidos Rosemarie Aquilina, sentenciando al violador con el equivalente a la cadena perpetua, y yo le añadiría la castración química al perpetrador para que por el resto de su miserable existencia pertenezca al movimiento de la paz sexual, como dice una amiga filósofa.

Pedro Arias Villa