Desde que se trasladó la Plaza Central a Mercaneiva, por parte de la administración municipal que lideraba Guillermo Plazas Alcid, se tuvo la sana intencionalidad de sacar del casco urbano el expendio de alimentos y víveres, con el fin de proyectar a la ciudad hacia un proceso de modernización urbanística y así recuperar el entorno donde se encontraba funcionando desde mediados del siglo pasado. Desafortunadamente los posteriores alcaldes, no continuaron con dicha iniciativa, porque empezaron a generar los escenarios propicios para construir y permitir nuevas plazas satélites de mercado en algunos sectores de la ciudad.

Paralelo a lo anterior, durante las últimas dos décadas se han venido creando algunos establecimientos comerciales, denominados Fruvers y grandes almacenes de Cadena, que actualmente ofrecen mejores condiciones de comodidades y de precios, que han venido diezmando poco a poco por la competencia desleal que se presenta en esta clase de mercadeo de productos perecederos. Igualmente, los procesos jurídicos que han venido atravesando sus propietarios de dichos locales, han generado un futuro incierto para su recuperación económica. La falta de un adecuado transporte público ha contribuido a permear negativamente la llegada de usuarios a esta Central Minorista.

También la creación de los mercados campesinos, en algunos sectores de la ciudad, ha empezado a generar mella, porque los usuarios acuden directamente a los productores a comprar sus alimentos, sin tener que pagar intermediarios, como ocurre en algunos locales de Mercaneiva. Cansados de que los intermediarios llegaban hasta sus parcelas y veredas y que les pagaban cualquier centavo por sus productos, campesinos neivanos vieron la oportunidad de emprender camino hasta la ciudad para ofrecer los productos y comercializarlos de manera directa.

Tal es el caso, el Mercado Campesino del Barrio Calixto Leyva, que funciona desde hace 36 años, con este mismo esquema. Dicha iniciativa la respaldó el entonces alcalde Ramiro Gutiérrez Perdomo. La historia cuenta que cuando fue a visitar la zona rural a inaugurar una escuela se percató de que los productos se perdían y se desperdiciaban en los potreros. Hoy en día es todo un éxito. Este ejemplo fue imitado en los barrios de las Granjas, Cándido, Las Palmas y en los barrios del Sur. Algunos han venido decayendo por falta de apoyo estatal y persecuciones políticas, entre otros.

Para salvar a Mercaneiva, se necesita estructurar ideas ingeniosas y creativas para modernizar los canales de comercialización de sus productos. Se deben beneficiar a los pequeños productores de la región surcolombiana para que todos los propietarios de estos locales puedan mejorar su rentabilidad y por ende, garantizar la seguridad alimentaria de la ciudad. Recodemos que, en esta cadena, deben ganar los productores, los distribuidores y los consumidores finales.