DIARIO DEL HUILA, CRÓNICA

Por: Hernán Galindo

Comenzando la pandemia, Leandro Herrera, de 25 años, vio en la uva isabelina de La Ulloa, Rivera, una oportunidad de negocio. Hoy, su emprendimiento es una realidad empresarial.

Vino artesanal de La Ulloa es un proyecto que nació en agosto de 2020 en medio de una reunión de amigos que se alistaban a preparar una sangría.

“En medio de la charla salió el tema de por qué no vender vino, que lo veíamos como un producto de mucha demanda en estos tiempos de pandemia y encierros. Además, había pocas personas que lo distribuyeran en Neiva”, cuenta Leandro Herrera, principal impulsor del emprendimiento vinícola.

Fue la única persona del grupo que decidió seguir adelante con la idea planteada.

“Salí a buscar una fabricante de tan apreciado producto, con la fortuna de encontrarme a una de las mejores mujeres que Dios ha puesto en mi camino: doña Ana, quien elabora el mejor vino de La Ulloa, en Rivera. De la mano de ella encontré la oportunidad de comercializarlo, convirtiéndose en uno de mis más grandes apoyos en esta aventura de emprender”, dice, con cara de agradecimiento.

El corregimiento, a 20 minutos de Neiva, ha tenido en los recientes años un gran auge por el desplazamiento de ciclistas, oferta gastronómica, atractivos turísticos y la transformación de la uva en ricas bebidas artesanales locales.

Idea y desarrollo

Leandro nació en Neiva hace 25 años y se considera un enamorado de la belleza del Huila. Estudió Tecnología de Construcción en el Sena, después de egresar del Instituto Técnico Superior, en la especialidad de construcciones civiles.

“En febrero de 2018 terminé la formación técnica y tuve la oportunidad de desempeñarme como inspector o residente de obra en distintos proyectos en municipios del departamento” hace memoria.

Pero, por consecuencias del Covid-19 quedó desempleado en marzo de 2020. Con la inestabilidad laboral asediándolo, se topó con el producto que le daría un vuelco a su vida, como modelo de negocio sostenible. Mercantilizar el vino de uva isabelina, cultivada en la vereda La Honda.

“Tomé la decisión de empezar con el emprendimiento sin tener alguna idea de vinos, pero con las ganas de hacer realidad el sueño de tener empresa propia”, confiesa, con alegría.

Inició con una inversión de $700.000 para la compra del producto, la publicidad y el registro mercantil en Cámara de Comercio.

“Entendí en el vino una grandiosa oportunidad de comercialización y venta. Empecé a brindarlo a mis contactos por la red de whatsapp. Y así, poco a poco, me fui dando a conocer, ampliando la demanda”, destaca.

En septiembre, hace casi un año, junto con un gran amigo, diseñaron el logo de la marca tarea que le dio nuevo impulsó para trabajar mucho más en el posicionamiento de marca en el mercado de vinos de sabor dulce, semi seco y seco; blanco, de uva, de maracuyá y sangrías.

“Empezamos a ofrecer el producto con distintos tipos de acompañamientos para que los clientes tuvieran la oportunidad de escoger para cualquier ocasión, con una muy buena acogida. Se complementa con un catálogo de más de 40 tipos de detalles”, responde.

Y agrega que pese a las dificultades se han mantenido por la constancia y el esfuerzo de lograr el sueño de consolidar el emprendimiento en una empresa sólida. Por eso, a diario busca oportunidades para crecer la marca como la participación en distintas ferias que han sido de vital ayuda para lograr el propósito.

“Mes a mes buscamos nuevas estrategias de ventas y consideramos ofrecer más tipos de detalles que cumplan la necesidad y expectativa de cada cliente, con buenos precios. A ellos agradecemos su confianza y respaldo”, afirma Leandro.

Actualmente, se apoya en el Sena para obtener el registro Invima en procura de comercializarlo nacional e internacional, su gran ilusión.

“También soñamos con un sitio turístico en que las personas vivan la experiencia de todo el proceso del vino. La industria vinícola me tiene apasionado y creo que me inclinaría por ella si en algún momento me toca elegir con mi formación profesional. Me motiva dar a conocer un producto huilense que nos puede abrir las puertas al país y al mundo para que se sume a otros y así la gente se motive más a venir a conocernos”, dice.

Leandro Herrera afirma estar agradecido con Dios, con su familia y Doña Ana artífices del apoyo incondicional para que el negocio crezca a diario, sin dejar a un lado a los cientos de amigos y amigas que han estado apoyando, siempre publicando, ofreciendo y dando buenos conceptos del producto, dice:

“El mensaje que les doy a todos los que comienzan con el sueño de emprender es que Dios nunca nos abandona y aunque caigamos 10.000 veces Él nos va a levantar 10.001 veces. Crean en ustedes y nunca abandonen lo que les apasiona y les da la razón diaria de vivir”.

Vino de Leandro

“El Vino artesanal de la Ulloa se vende en presentaciones de 750 ml y 250ml. Puedes personalizar tu botella con el mensaje que desees. El detalle perfecto para esa persona especial. Los acompañamos en cualquier celebración”, afirma, con orgullo el joven empresario neivano.

Para tener el producto se pueden dirigir a la calle séptima número 20-45, barrio Calixto Leyva, o pedir domicilio gratis en Neiva a los teléfonos 3222287333 – 3203107258.

El vino artesanal de un tecnólogo de construcción

El emprendimiento sigue creciendo con marca y comercialización en marcha.