jueves, 24 de octubre de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-09-16 11:28

En esta esquina, una vieja loca

Escrito por: Marco Fidel Yukumá
 | septiembre 16 de 2019

 

El que se atreva a desafiar el régimen de corrupción que rige en el concejo de Neiva desde hace por lo menos 25 años, pierde. Allí el que no cobre su voto por cada proyecto que aprueba, el que no le exija contratos al alcalde, el que no pida puestos en las secretarías del municipio, y el que no reciba prebendas para elegir personero y contralor, se gana la animadversión de todos los demás, porque allí se llega es a enriquecerse como socio de uno de los negocios más sucios y escabrosos de la ciudad.

La concejala Leyla Rincón, puede dar fe de semejante tropelía. Los cuatro años que lleva haciendo uso de su curul allí le han costado sudor y lágrimas, humillaciones, burlas y todo tipo de agravios. Se ganó la antipatía de la mayoría de concejales porque obró con decencia y se negó rotundamente a caer en esas siniestras prácticas que ya constituyen toda una cultura del funcionamiento de la descarada corporación, vergüenza de algunos y negocio sucio de otros.

La profesora Leyla que llegó al concejo por primera vez con la ingenuidad de una mujer digna, respetuosa y convencida que podría hacer algo por la ciudad, se estrelló contra una pared construida durante años a punta de triquiñuelas, falsedades y mala fe, que no pudo ni siquiera soliviar con sus lágrimas y su reconocida honestidad. Entendió, entonces, la profesora incauta y honrada que ese muro es de ellos, y que nadie lo derriba porque son demasiados los intereses y falacias sobre los cuales lo han construido.

Cuando se atrevió a hablar de honestidad; Escobar, Sterling, Hernández, Penagos, Posada y muchos otros se le carcajearon en la cara, cuando sugirió democracia y cero canonjías para la elección del contralor, de inmediato la declararon, ¡vieja loca! Ese día volvió a llorar de putería, porque no tenía nada que hacer, se sentía en verdad como una profesora loca en el lugar al que nunca se le debió ocurrir haber llegado. Cuando empezó la repartición del botín para escoger al contralor y a la personera, prefirió abandonar el recinto derrotada, porque era la única a la que le cabía en ese momento la vergüenza en la cara. Sus colegas se quedaron con los bolsillos llenos y ella no tuvo otro camino que acomodarse el sombrero de pindo palermuno y largarse a casa porque sus lágrimas no las podían enjugar los corruptos.

Luchó hasta el cansancio para presentar proyectos y hacer debates, pero no se lo permitieron, la derrotaron por pendeja, por no comer callada, y por no comer. Se enteró que en la ESE Carmen Emilia Ospina había corrupción y se dio a la tarea de desenmascarar a los responsables, pero no pudo, porque esos responsables, eran protegidos y socios de varios concejales que se beneficiaban de los contratos, las prebendas y toda la burocracia que esa, y otras entidades del gobierno municipal se reparten con la mayoría de concejales a cambio de lisonjas y complicidad para que en el recinto no se diga nada contrario a lo que les conviene. Es una alianza siniestra que no cambia, que sigue siendo la misma de hace años cuando empezó el jugo sucio, Leyla, no casó.

En ese escabroso mar de iniquidades chapaleo la concejala de sombrero, pero no se hundió, aunque en todo le tocó comportarse como invitada de piedra, porque al concejo de Neiva no se llega a trabajar por Neiva, se llega a ganarse cuatro veces la plata que se gasta en la campaña en cumplimiento de un negocio peor que el del narcotráfico, en el que la deshonestidad es el capital semilla para seguir dando saltos en la política regional con destino a la alcaldía, a la gobernación, o al congreso, escuelas reconocidas de la corrupción y la indecencia.

Leyla no pudo hacer mucho porque le amarraron las manos y por poco le tapan la boca, pero demostró que sí es posible llegar al concejo y conservar la honestidad, decir unas cuantas cosas, obrar con independencia, y no caer en el pozo de inmundicias que se descomponen allí como mortecina de basurero.