miércoles, 14 de noviembre de 2018
Enfoque/ Creado el: 2014-02-04 03:37

La intimidación escolar no es un juego de niños…

De 55.000 menores de edad, pertenecientes a 589 municipios, el 29% de los estudiantes de 5° y el 15% de 9° manifestaron haber sufrido algún tipo de agresión física o verbal de parte de algún compañero.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 04 de 2014

VANNESSA ACEVEDO

Especial para Diario del Huila

“Luego de eso me quería morir, a mis 14 años me invadió la tristeza, tuve depresión y me engorde bastante…me sentía morir”. Este es el testimonio de María del Rosario Gómez, quien cariñosamente es conocida como Marre, una joven que hoy, a sus 22 años, recuerda cómo en su adolescencia fue víctima de intimidación escolar por parte de un adolescente, quien a través de internet, profirió hacia ella ofensas, burlas y sobrenombres, situación que la afectó y marcó, pero que al mismo tiempo le dio fuerzas para continuar y convertirse en una mujer talentosa.

Para Marre, aquel joven y sus amigos no eran conscientes de lo que podrían ocasionar, “Para ellos el ofenderme era un juego, un chiste, nunca pensaron en el daño y el dolor que podrían causarme. Gracias a Dios me refugié mucho en la música y logré salir adelante”, asegura.

La intimidación escolar también conocida como ‘bullying’, matoneo o acoso escolar, consiste en la conducta negativa, intencional metódica y sistemática de agresión, intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento deliberado, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o por medios electrónicos contra un niño, niña o adolescente, por parte de un estudiante o varios de sus pares con quienes mantiene una relación de poder desigual.

Esta vulneración de derechos ha empezado a tener mayor relevancia durante los últimos años debido a que algunas víctimas han denunciado, o, como Marre han decidido contar su historia, situación que ha llamado la atención de colegios del Estado y medios de comunicación. Es tal preocupación, que ésta generó que el Gobierno Nacional sancionara en el mes de marzo del año pasado la Ley 1620, la cual pretende, entre otras cosas, atender preventivamente situaciones de violencia escolar como el ‘bullying’.

Lo que la mayoría no sabe y que el pedagogo social alemán Frank Schallenberg recalca en su libro Te ha tocado, mobbing entre alumnos (Ed. Vergara) es que el daño que les ocasiona a los menores cuando se convierten en adultos es gigantesco. El niño que lo sufre vive grandes periodos de angustia, desamparo y terror. Suele estar solo porque casi nadie le ayuda ni en su casa le creen. Se desconcentra, tiene dolores de cabeza o malestares estomacales y es inseguro. En el caso del agresor, es una persona que no se adapta al mundo y pierde la capacidad de desarrollarse social y emocionalmente de otra forma que no sea la violenta, dice Schallenberg.

Esta es una problemática que ha estado presente desde hace mucho tiempo en el ámbito escolar pero en la mayoría de los casos de manera silenciosa. Ahora, ha empezado a tener más atención por su importancia y gravedad y se ha comprobado que requiere del interés de la intervención y la prevención por parte del Estado, la familia, los colegios y de la sociedad en general.

Una investigación sobre matoneo realizada por Friends United Foundation, con 5500 niños, niñas y adolescentes escolarizados, entre 12 y 18 años encontró que las víctimas en un 35% reciben maltratos físicos y en 65% maltratos sicológicos. El estudio llama la atención sobre una de las modalidades que se está llevando a cabo en varios colegios de Colombia, es que el ‘bullying se está llevando a cabo para presionar a los estudiantes a que se vinculen a organizaciones delictivas. A su vez, la investigación muestra que en los colegios de estratos altos se recurre más al hostigamiento y calumnia por redes sociales, estando en primer lugar Facebook, seguido de twitter y youtube y whatsApp.

Ángela Rosales, directora de la Organización Aldeas Infantiles, SOS, aseguró que los comportamientos de los niños, las niñas y los adolescentes son el resultado de lo que aprenden en la casa, en el colegio, en el barrio y en la interacción con otros niños.

Por esta razón, “el tema de acoso escolar es preocupante porque es el reflejo de lo que los menores de edad están viendo. Ellos se comportan así porque aprendieron a comportarse así, en algún momento adoptaron esa manera de actuar, por ello es fundamental que los adultos seamos conscientes de cuál es el ejemplo que estamos dando a los niños y a las niñas”.

Para la directora de Aldeas Infantiles, es fundamental el rol de la familia. “Hay que enseñar a los niños que todos los menores de edad tienen derechos pero al mismo tiempo responsabilidades con los demás y de esa manera no podemos hacer un ejercicio de poder maltratando o pasando por encima del otro”.

Víctimas e intimidadores

De acuerdo con los resultados de la Prueba Saber Pro, en Colombia, casi la mitad de los niños o niñas sostuvieron que sus compañeros discriminan a otros. El 35% de ellos dijo haber sido víctima y el 22% manifestó haber intimidado a alguien, lo que evidencia que más del 50% de los niños, niñas y adolescentes colombianos pueden verse involucrados como víctimas o victimarios en estos escenarios de violencia y por lo tanto, ambos requieren apoyo y protección.

Esta es una problemática que ha estado presente desde hace mucho tiempo en el ámbito escolar pero en la mayoría de los casos de manera silenciosa. Ahora, ha empezado a tener más atención por su importancia y gravedad, y se ha comprobado que requiere del interés, de la intervención y la prevención por parte del Estado, la familia, los colegios y de la sociedad en general.

Las consecuencias de la intimidación escolar, así ésta no parezca tan grave a simple vista, pueden ser nefastas. Si estas situaciones no se detienen a tiempo, los niños y las niñas que las padecen pueden empezar a tener problemas de depresión, bajo rendimiento académico y bajo autoestima e incluso pueden llegar a desarrollar conductas muy violentas y autoagresivas.                     

La intensidad del ‘bullying’ puede ser variable, pero si no se detiene a tiempo, puede traer consecuencias graves tanto para las víctimas como para los intimidadores.

Una vez que se presenta e identifica un caso de intimidación escolar, las defensorías de familia, comisarías o inspecciones de policía deberán realizar la apertura de la historia socio-familiar y la valoración integral del niño, niña o adolescente y de su grupo familiar y finalmente, adoptar las medidas de restablecimiento de derechos. Posteriormente  las defensorías deberán realizar el seguimiento de cada caso, verificar el restablecimiento efectivo de los derechos y realizar el cierre del caso.

El testigo silencioso

Los especialistas aseguran que cuando se presentan casos de intimidación escolar existen tres grupos importantes a quienes hay que direccionar todas las estrategias para la prevención de esta problemática. Ellos son: las víctimas, los intimidadores y los testigos silenciosos u observadores, quienes son aquellos niños o niñas, que presencian las situaciones de acoso y no intervienen ni directa o indirectamente.

La Prueba Saber Pro realizada en el país en 2012, evidencia cómo en el quinto grado más de la mitad de los niños y a casi la mitad de las niñas no les importaba, o inclusive, se divertían viendo el maltrato de algunos de sus compañeros y compañeras. Otros estudios en el tema aseguran que el porcentaje de menores de edad que son testigos de hechos relacionados con acoso escolar se encuentra entre el 60 y el 70%, situación que potencia al agresor puesto que ellos se convierten en su audiencia. Por ello, es importante que quienes presencian esto no se reían junto al agresor en el  momento de la intimidación, comunicar a un adulto lo sucedido y servir de audiencia para quien comete estas agresiones.

* Especial Agencia Pandi

Recomendación para los padres

Llega frecuentemente a la casa con morados, cortadas u otros signos de agresión. 

Llega a la casa con ropa, libros u otras pertenencias dañadas o rotas.

No pasa tiempo con sus compañeros de clase fuera del colegio.

No tiene amigos o tiene un solo amigo.

No quiere hacer fiestas o celebraciones por temor a que nadie asista.

No lo invitan a fiestas, reuniones, paseos, etc.

Manifiesta temor, ansiedad o falta de motivación para ir al colegio.

Ha disminuido su rendimiento académico y su interés por las tareas del colegio.

Se ve triste, retraído o deprimido (a) todo el tiempo. 

Perfil del intimidador

Le gusta hacer bromas pesadas, poner apodos o humillar a otras personas.

Si es hombre, es posible que sea más fuerte y grande que el resto de sus compañeros.

Si trata mal a otros, no se siente mal después.

Es dominante, impulsivo y no acata normas.

Tiene una baja tolerancia a la frustración.

Es conflictivo.

Carece de empatía.

Hace parte de una familia disfuncional.