martes, 25 de septiembre de 2018
Enfoque/ Creado el: 2014-02-12 11:24

La vejez anda suelta

Reseña crítica del libro “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, de Jonas Jonasson. “Volvió la cabeza y echó un último vistazo a la residencia de ancianos, que hasta hacía muy poco había considerado su última morada en la tierra, y se dijo que eso de morir bien podía hacerlo en otro momento y otro lugar” J. J.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 12 de 2014

“El abuelo que saltó por la ventana y se largó” es una novela escrita por el sueco Jonas Jonasson (Växjö, 1962); un libro que atrapa desde su primera página; en la narración aún ciernes descubre el lector como un anciano, Allan Karlsson, recluido en un asilo geriátrico en Suecia y a punto de asistir a la celebración de sus 100 años salta por una ventana, deja plantados a los invitados y se escapa para regresar al mundo real, ese que su mente no ha quitado, porque goza de buena salud y además ha sido a lo largo de su vida un gran aventurero.


Dos vertientes narrativas dan fuerza y cohesión al escrito de 413 páginas. La primera se refiere al tiempo presente, año 2005, de la vida de Karlsson, y la segunda, a su existencia pasada narrada desde 1929. Estupendamente convergentes, maravillosamente complementarias y agradablemente cargadas de humor y sátira estas dos partes entrelazadas, escritas en tercera persona, y a manera de diario con fechas precisas de cada evento acaecido.


El periplo comienza cuando el protagonista habiendo escapado del geriátrico decide tomar un tren sin destino fijo y por extrañas circunstancias se apodera de una maleta repleta de dinero. Más tarde en su fuga, y también por raras coincidencias, consigue amigos, entre los que hasta un elefante figura, con quienes inaugura una nueva aventura en su centenaria vida.


Con el pretexto de contar la intrincada vida de Karlsson, nos adentra el escritor en un paseo ficcional por la historia contemporánea; el personaje tiene contacto con los grandes líderes de los últimos tiempos y a los que sirve sin distingos de ideología: Churchill, Truman, Roosevelt, Oppenheimer, Mao Tse-tung, Chiang Kai-shek, Stalin, Franco, un hermano de Einstein, así como los gobernantes de Corea del Norte, de China, de Indonesia, de Irán. Participa en las principales revoluciones, alzamientos y guerras del siglo XX, a las cuales introduce un toque en su desarrollo histórico. Es colaborador o espía según dicten las circunstancias y sin ningún empacho de principios. Experto empírico de explosivos contribuye a la elaboración de la bomba atómica estadounidense que hizo sus pruebas (desastres) sobre Hiroshima y Nagasaki; un secreto de fabricación que posteriormente transfirió a los rusos que estaban atrasados en esta “invención”.


Una gran diversidad de pasajes interesantes y jocosos; a resaltar la destrucción de Vladivostok –ciudad otrora prohibida para rusos y extranjeros– que el protagonista orquesta; su participación en la guerra civil española en donde salva a Franco de un atentado; el ascenso y permanencia en el poder de la presidente de Indonesia quien junto con su marido tienen inteligencias en déficit y consideran la corrupción como algo natural, la practican sin ningún escrúpulo porque no ven en ello maldad alguna: sin duda un guiño sarcástico a muchos dirigentes actuales que endémicamente se retozan con el bien público como si les fuera propio.


Un personaje extremadamente pragmático; su único objetivo es ganar dinero, sin que su ambición sea por tanto acumularlo ni ser rico. Afectivamente es un ser solitario, el estímulo sexual le fue suspendido mediante castración química a temprana edad por algún entuerto que tuvo. Se podría decir que no posee ningún principio ético, su norma de conducta consiste en el estricto cumplimiento de cualquier misión que el azar de su deambular por el mundo le presente, sin importar su contenido y a quién pueda beneficiar el resultado; una deontología elemental y cambiante según las circunstancias. “Allan Karlsson nunca había dedicado tiempo a pensar las cosas antes de hacerlas” ¿No recuerda esto a ciertas personas, en particular a los políticos?


Si alguna moralina irónica ha de sacarse es que con dinero todo se puede, no hay principios, ni bandos políticos ni ética. “Cualquier revolución lleva a otra del signo contrario”, “La venganza no es buena consejera, es como la política: una cosa lleva a la otra y al final lo mala se convierte en peor y lo peor en nefasto”, “En cuanto a la fe, siempre había pensado que si no se tiene ninguna certeza, no vale la pena ir por ahí haciendo cábalas”. Sarcasmos algunos, verdades sencillas otros constituyen sus lemas según los cuales actúa este sorprendente personaje.


Policías y periodistas husmean desconcertados a lo largo del libro tras de las huellas de esta “banda” sin lograr ajusticiar las tantas fechorías que cometen siempre por azar, así como se resuelven por una coartada igualmente fortuita, dejando a estos perseguidores perplejos y sin argumentos acusatorios.


Cada vez nos encontramos con más libros de títulos largos y de proveniencia de los países nórdicos europeos, el auge es indiscutible y la fascinación ejercida sobre muchos lectores es grande. Han descubierto los nórdicos que sus escritos logran enganchar con una intricada trama; han descubierto que los lectores actuales desean leer tramas de estilo policiaco, que la actual literatura con su pérdida de lectores se remedia con una narrativa en donde predomine la trama, el suspense y mantenga al lector atado en búsqueda de la resolución de la componenda que complicadamente se urde. Esta hegemonía de la trama que vemos imponerse va, por supuesto, en detrimento de una literatura más elaborada en donde la trama solía ser un subterfugio para enviar mensajes, hacer análisis, dejar el cerebro conceptualizar sobre algún tema. Llegamos con ello al mundo de entretenimiento puro, de primacía comercial y sin verdadero contenido intelectual; sobre ello ya nos ha venido previniendo el nobel Vargas Llosa. Son, tal vez ardides, esfuerzos para lograr que la gente lea, para ganar lectores, sin embargo, no dejan de ser telenovelas escritas... con todo lo divertido y criticable que estas pueden ser. A cada lector de escoger su género, aunque como dice el dicho “una vez al año no hace daño”.