Por: Álvaro Hernando Cardona González

Lamentablemente se acerca el día que Colombia añore sus libertades. Al paso que vamos, se van a elegir gobernantes que, con piel de oveja, cuando lleguen al poder no harán distinciones como los lobos a la hora de atacar.

Nos acostumbramos a negociar lo innegociable. Negociamos la ética, transamos los principios humanos elementales, negociamos las ciencias sociales (el Derecho), negociamos la educación, y negociamos los delitos y sus penas. De paso menoscabamos al Estado, el “contrato social”, la búsqueda de la felicidad y el derecho a la paz auténtica.

Negociamos lo innegociable. Y seremos, como tantos ejemplos en la historia, capturados por quienes creímos que aplacarían sus furias si negociábamos con ellos.

¿Ejemplos decíamos? El Tratado de Fontainebleau firmado el 27 de octubre de 1807 en esa ciudad francesa, entre los respectivos representantes plenipotenciarios de Manuel Godoy, en nombre del rey de España Carlos IV de Borbón, y Napoleón Bonaparte, emperador de los franceses. En él se estipulaba la invasión militar conjunta franco-española, de Portugal que era aliada del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y era el acuerdo que permitía para ello el paso de las tropas francesas por territorio español. Ese acuerdo terminó, sí permitiendo la invasión de Portugal, pero primero y por más largo tiempo, la de España por el ejército de Napoleón. Eso costó la libertad de España y sirvió para que esta Corona dejara de ser Imperio pues por ello mismo perdió sus colonias americanas. Otro, el Tratado de no Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, conocido como el Pacto Ribbentrop-Mólotov, suscrito entre la Alemania nazi y la Unión Soviética por sus ministros de Asuntos Exteriores. Este pacto se firmó en Moscú el 23 de agosto de 1939, nueve días antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial. Gracias a él estos países se repartieron Polonia, luego permitieron que en 1941 el régimen nazi invadiera la Unión Soviética.

Con quienes hemos transado y claudicado todo, como decíamos, los más caros valores humanos, se acercan a gobernarnos, y en muchos casos ya lo hacen. Y cuando lo tengan todo, nos “premiarán” como merecemos.

La esperanza que nos queda a muchos (tal vez, a pocos) es que la historia es ejemplar. Contra las tiranías, siempre, los pueblos hallan la unidad, el rescate de principios y patriotismo, el valor que la democracia, la separación de poderes, las alternancias en el poder, el Derecho como ciencia y las libertades; para nunca perderlos porque ya se sabrán las consecuencias.

Esta es una advertencia. Antes que perdamos, como decíamos, la oportunidad de hacerlo sin que nos afrenten por decir la verdad o perdamos por la libertad que tenemos aún de poder decirlo.