Expertos de varias disciplinas han venido proponiendo la urgencia de formar en ciudadanía, para contribuir, de alguna manera, a la paz del país. Aunque, es necesario establecer una programación que incluya planes, proyectos y propuestas viables y efectivas.  Pero, por supuesto, hay que comenzar ya y desde cada lugar donde estemos.

Es claro, que para generar más cambios de mentalidad, de actitud, de convivencia.  Necesitamos más ciudadanos.  Ciudadanos comprometidos con el entorno, con el medio ambiente, con la región; pero sobre todo, con nuestros semejantes, con el otro, con los otros ciudadanos.

No olvidemos que las sociedades que no forman en ciudadanía se convierten paulatinamente en focos de violencia, intolerancia, irrespeto, y delincuencia.  No en vano, por ejemplo, el “Bullyng” se convirtió ya en un problema nacional que trascendió lo académico y que se inserta con fuerza en la familia y, estoy seguro, se extenderá a los diferentes ámbitos de la sociedad.

Los focos de pandillaje, de corrupción, de narcotráfico, de soborno, de estafa, de hurtos, atracos y robos, son el fundamento diario de las noticias de los medios y de los procesos jurídicos de nuestra cotidianidad.

Se necesita crear y re-crear una sociedad distinta, más desarrollada y más humana. Y en ello, es importante tener conciencia de aspectos más reales y menos simbólicos.  Creo que tanto simbolismo y culto a la bandera, a los himnos y a los próceres de la patria, no contribuye a crear ciudadanos más sensibles y colaborativos.

Por el contrario, alimenta el germen del endiosamiento banal, la cursilería institucional, la idolatría moderna de unos “lideres” elegidos por un pueblo y para una nada.  O, ¿dónde están los proyectos sobre educación, formación, empresarismo, ciudadanía, arte, emprendimiento ambiental, y demás temas que presentan los concejales, diputados, empresarios, gobiernos, comercio y particulares?

Ni siquiera acatamos las normas de tránsito, tampoco arrojamos la basura a las cestas, ni respetamos las filas, ni conservamos las fuentes de agua, ya ni siquiera se saluda cordialmente.  Casi que ni sonreímos ya.  Vivimos en un agite por la sobrevivencia a costa de todo.  Sacrificamos los valores, los principios, la lógica, la solidaridad, la sinceridad, la amabilidad, la palabra empeñada, el valor civil, el buen nombre y muchos más.

Enseñemos a los jóvenes, a nuestros hijos y a nuestros compañeros, la importancia de la convivencia, la importancia de saludar, dar las gracias, ayudar, promover, compartir.  Por ahí se empieza la construcción de ciudadanía.