DIARIO DEL HUILA, CRÓNICA

Por: Hernán Galindo

A José Alberto Díaz Lara lo encontramos en una bodega de Surabastos en Neiva en un día de mercado en el que se mueve la dinámica de la principal central de abastos del surcolombiano, y en la que se puede encontrar toda clase de productos perecederos procedentes de diferentes regiones de Colombia.

Es uno de los fundadores que llegaron como desplazados de la galería central que fue demolida hace 24 años.

La orden la impartió el alcalde Gustavo Penagos Perdomo y se cumplió el 24 de diciembre de 1997. “fue un día de caos, de incertidumbre para muchos de nosotros. Ese día la galería central cerró las puertas y comenzó la demolición. Con maquinaria se destruyó la parte interna, no sabíamos qué hacer”, narra.

José un hombre de contextura mediana, tez blanca y cabello negro recuerda ese día como si fuera hoy, “Luego se desmontó el techo obligando a los antiguos inquilinos a salir intempestivamente. Algunos lograron sacar sus pertenencias, otros perdieron las mercancías”. La Unión Temporal, que ganó la controvertida licitación para construir la central minorista y la firma Explotar Ltda. Dinamitaron las viejas estructuras de la galería”, añade.

“En la antigua galería vendían fruta en uno de los puestos del segundo piso que era de su hermano Saúl, ya desaparecido dice con nostalgia, lo recuerda con especial cariño, fue quien le abrió el camino y le enseñó lo del negocio de la fruta”.

Vende frutas al por mayor desde los catorce años.

Vende frutas al por mayor desde los catorce años.

En compañía de su esposa Celmira Cruz, han levantado a tres hijos, uno de ellos ya en la universidad y los otros dos en bachillerato.  Venden lulo, tomates de árbol, granadillas, aguacates, naranjas en fin toda clase de frutas. Las traen de Algeciras, rivera, Teruel, de Colombia Huila y el tomate de árbol de cabrera en Cundinamarca.

Díaz Lara, comenta; “en los inicios el negocio era muy próspero, muy bueno, se ganaba bien y ahora la utilidad es muy poca. Se trabaja casi que, para sacar la inversión, dice. Sus clientes son las tiendas y los Fruver de los barrios que han proliferado en la ciudad”, explica.

José Alberto, estudió hasta noveno de bachillerato, se puso a trabajar en la galería del centro y desde entonces se ha dedicado al   comercio. El oficio lo aprendió a edad temprana, tenía 14 años. “Le ayudaba a mi hermano Saúl y me fui metiendo y aprendiendo hasta que me gustó.  Le cogí el gusto y me quedé en esto para toda la vida, se podría decir”, comenta.

A sus 52 años hace un balance y se queda con el gusto al trabajo y al dinero que le llegaron de manera temprana gracias al aprendizaje que forjó con la práctica y la disciplina de muchos años junto a su hermano Alberto.

A las dos de la mañana José se desplaza desde su casa en el sur de Neiva, hasta la Plaza mayorista en donde atiende una bodega con toda clase de frutas que traen desde diferentes municipios en donde se producen.

La jornada de trabajo comienza las dos y treinta y se prolonga hasta las ocho o diez de la mañana, cuando se haya marchado el último de los clientes del día. El trabajo antes era bueno todos los días, Ahora solo sirven los mercados de los martes, los jueves y los viernes, los otros días son de muy bajo flujo, Indica.

“Los mercados eran muy buenos todos los días antes de la pandemia, pero con los confinamientos y la crisis económica que ha generado el covid 19, solo sirven como les digo los martes, los jueves y viernes.  Los otros días se emplean para rematar lo que no se alcanza a vender”, agrega.

Lo visitamos justo un día en el que amaneció lloviendo. “La fruta se daña en invierno. Le temo al invierno porque la fruta se descompone más rápido y eso significa pérdidas, señala. La situación se ha puesto tan mala que solo puedo tener un empleado y eventualmente ocupo dos personas más a las que se les paga el turno”, relata.

La central abre todos los días. En nuestra bodega lo que más se vende es la fruta, pero aquí se consigue de todo, nos comenta. Es agradecido con Dios, “gracias a él y al trabajo he logrado salir adelante, agrega con orgullo.

No tiene claro que otro oficio le hubiera dado el destino en la vida, desde muy pequeño se inclinó por el negocio. De su familia paterna refiere que con él   son siete hermanos y sus padres de origen campesino no trabajaron en este tipo de negocio.

Así transcurre el diario vivir de un hombre que desde muy temprana edad le cogió cariño al trabajo, aprendió que la disciplina es la mejor aliada para conseguir las metas que uno se propone en la vida.

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