Por mucho tiempo hemos pensado y defendido, que lo mejor que tiene nuestro país son sus gentes. Hasta ahora ese discurso ha funcionado para exprimir lo mejor que tenemos como sociedad.

Aferrarnos al capital humano como última oportunidad se fue convirtiendo en la esperanza, esa que nunca se nos iba a perder.

Sin embargo, los acontecimientos actuales, han desnudado de manera cruel, que a la par del mundo que conocíamos o imaginábamos, deambulaba entre nosotros una vida paralela sumida en una fuerte crisis social. La vida real.

A esa crisis debe apuntar principalmente toda reforma que busque el Estado, pues de nada servirían unas finanzas fuertes, con una sociedad débil.

Y es que cualquier desprevenido podría pensar que todo el descontento social partió de la reforma presentada anteriormente. No, ese fue el detonante, es la condición social deplorable la que dijo alto, no más.

Quedó en evidencia, además, que los indicadores económicos que decían que el país crecía, no reflejaban la realidad y el estado de bienestar social. Una clase media cada vez más disminuida por cuenta del costo de vida y a la multiplicidad de cargas tributarias, reflejan de mejor manera en que camino trasegábamos. En conclusión: ni el país venía bien, ni todo es culpa de la pandemia.

Recuperar esa parte de la sociedad que se está llenando de desesperación y no encuentra la salida es en algo que fallamos. No obstante solo nos queda buscar soluciones que estén a la mano, no las mágicas como imprimir papel moneda, esto será lo único que nos pueda brindar optimismo.

En ese sentido, la reactivación económica sigue explorando el camino que sea correcto para llegar. El gobierno nacional se encuentra próximo a presentar esta semana la nueva reforma tributaria, que hasta donde se ha dejado ver, echaría mano de un esfuerzo extra de las empresas para lograr el equilibrio financiero que tanto necesita hoy el país y dejaría por ahora libre a la clase media. En algo se entendió el mensaje.

Hasta ahora lo que podría pensarse como un imposible, una reforma tributaria, por todo lo sucedido en el primer semestre, seguramente va a pasar en el Congreso, con algunas modificaciones necesariamente, pero con la esperanza que la propuesta de recaudo enfocado en las empresas, vaya de la mano de un compromiso de disminución del gasto del aparato del Estado y un mayor control a la evasión. Es decir, será una reforma donde sobre el papel todos ponemos sí o sí.

Lo importante entonces no será solo encontrar esos recursos que hoy le faltan al Estado, lo verdaderamente revolucionario es que una vez conseguidos, se focalicen hacia esos colombianos que se encuentran en el punto más vulnerable de la crisis social.

Y es que hoy son más los colombianos en pobreza, hoy son más los colombianos que han perdido la esperanza de tener la certeza de cuándo será su siguiente comida; en suma, hoy son más los colombianos que necesitan de un Estado que los ayude y rompa esa desigualdad que venía antes de la pandemia y que solo ahora dejó ver su peor cara a muchos, la de la miseria.