lunes, 15 de julio de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-02-10 10:35

Hidroeléctricas: entre el desarrollo y los daños ambientales

Escrito por: German Alfonso López Daza
 | febrero 10 de 2019

Las últimas experiencias que ha tenido el país con la construcción de las hidroeléctricas no han sido las mejores. El Huila vivió su propio caos con el cuestionado manejo ambiental realizado en la construcción de El Quimbo, el cual acabó más de 11.000 hectáreas de bosque seco tropical. Muchas de estas afectaciones no se han superado y los procesos administrativos y judiciales aún están vigentes.

Ahora el país observa los problemas que está ocasionando HidroItuango en Antioquia. Esta imponente obra -que es la más grande de Colombia-, provocará la inundación de una superficie de 38 kilómetros cuadrados y la afectación de más de 100 mil personas, según datos de la Defensoría del Pueblo.

Esta gran “locomotora del progreso” acabó con los medios de subsistencia de pescadores y poblaciones enteras, sin que el Gobierno nacional y la propia EPM (propietaria de la obra) hayan hecho lo suficiente para disminuir el gran impacto.

Estos episodios vuelven a traer a colación el debate acerca la necesidad de generar energía eléctrica para el desarrollo del país y, de otro lado, las consecuencias ambientales y sociales que ocasionan estas grandes obras humanas.

Es evidente que la construcción de represas es indispensable para el autoabastecimiento energético del país, así como para atender las demandas de agua en zonas donde en época seca es insuficiente. Sin embargo, son muchos los casos en los que la construcción de una hidroeléctrica no ha generado los beneficios esperados. Por el contrario, ha causado el desplazamiento y empobrecimiento de las poblaciones aledañas, el daño de importantes ecosistemas, así como una inequitativa distribución de sus beneficios.

La política energética y su incidencia en el medio ambiente debe ser motivo de debate púbico, que lleve hacia la reflexión sobre el costo ambiental que está ocasionando la construcción de hidroeléctricas, pero sin dejar de lado la necesidad de energías limpias para las próximas décadas.

En este escenario entra la diversificación que debe dar el país hacia energías renovables, menos invasivas y más amigables como la eólica, la solar, la biomasa o la mareomotriz.

(*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).