La sociedad colombiana está atravesando una etapa muy difícil con el rebrote que se ha desatado en algunos territorios del país, por el aumento inesperado de contagios, que están amenazando colapsar al sistema sanitario del país. En nuestro departamento se han venido tomando algunas medidas restrictivas, que nos obligan a tomar notas para seguir reforzando las medidas de autocuidado y con el acatamiento estricto de los protocolos de bioseguridad. La evidencia que reafirma la vitalidad de la pandemia causada por el nuevo coronavirus, es la situación que atraviesan en este momento algunos países europeos que después de considerarse liberada de este flagelo, avanzan a pasos agigantados, para convertirse de nuevo en el epicentro de este tremendo proceso en el mundo.

En el Huila, hemos venido teniendo unos altibajos en las cifras de contagios que tienen en alerta a las autoridades gubernamentales, porque no se vislumbra una luz al final del túnel para que se termine esta tragedia sanitaria que está enlutando a millares de familias en el país. En este sentido, ya lo había advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde muchos países europeos, Estados Unidos y algunos países latinoamericanos, iban a ser sujetos de un nuevo aumento de casos confirmados y de muertes. Las cifras los están confirmando. Igualmente se enfrentan al aumento de pacientes atendidos en unidades de cuidados intensivos, que están llegando al límite, con el agravante de que la misma agencia advirtió que de mantenerse esta tendencia, dichas cifras, podría alcanzar niveles de mortalidad de 2 o 3 veces superiores a los presentados el año anterior.

La disciplina salvó a China. La indisciplina ahogó a España y a Francia. La arrogancia está matando a Estados Unidos. Esperamos que la ignorancia no mate a los colombianos. Todos los días están falleciendo familiares y amigos allegados a nosotros. Las muertes que deja el virus solo impactan cuando llegan a familiares o a personas públicas; el verdadero costo se revela al desaparecer vidas con huellas y legado.

El verdadero costo, la factura que deja el Covid, la cuenta de cobro justamente es eso: personas en todos los ámbitos de la sociedad, en todos los sectores que están muriendo, dejando profundos vacíos y la gran tarea de llenar zapatos difíciles de calzar. La penosa desaparición de un ministro, de personas o de un líder sindical, debe trascender para llamar la atención sobre la dimensión de improntas personales, económicas o políticas, pues se esfuman conocimientos, roles y funciones que seguramente se remplazan, pero costará tiempo y adecuación.

La responsabilidad es de nosotros. Lo que queda claro es que la pandemia sigue presente y las conocidas medidas de bioseguridad siguen siendo las más efectivas para frenarlo.