domingo, 19 de noviembre de 2017
Opinión/ Creado el: 2017-07-16 01:26

Juriscorruptos

Escrito por: Aníbal Charry González
 | julio 16 de 2017

La insólita captura, yo diría que sin antecedentes en la historia de este corrupto mundo, del fiscal Anticorrupción precisamente por corrupto, y de los tres magistrados y varios jueces del Meta por traficar con la Justicia,  que es el delito más despreciable que pueda cometer un abogado investido de la misión de administrarla por el daño atroz que se le causa a la majestad de la misma justicia y por supuesto a la misma sociedad; además de la miríada de abogados que son sancionados por faltas a la ética profesional y corrupción, nos impele a realizar una profunda reflexión sobre lo que sale del enjambre de facultades de derecho que existen en el país, donde pareciera por los escandalosos hechos que estamos viendo que no están formando jurisconsultos, sino juriscorruptos.
Y es que estos rábulas están saliendo de todas las facultades de derecho, desde las más encopetadas hasta las llamadas de garaje, con la obsesión de enriquecerse repentinamente  de la mano del derecho y contra el derecho porque todo vale con tal de coronar el protervo fin que los hace exitosos frente a esta laxa y convulsionada sociedad, al punto que no se conforman con ejercer la profesión como litigantes y ganar extravagantes sumas de dinero, sino que aspiran a llegar a la rama judicial con la intención pérfida  y asaz infame  de utilizar los sagrados cargos para enriquecerse ilícitamente vendiendo la justicia como el caso del fiscal Anticorrupción y los magistrados  y jueces de marras, que siguen litigando desde los despachos judiciales dispensando sucia justicia, como que muchas de estas lacras  como se ha sabido, llegan hasta las altas cortes (caso Pretelt),  para a través de calanchines  apoderar a las partes en los procesos asegurando el éxito de su gestión con sus venales fallos.
Lo que ha llevado igualmente ahora que se ha llenado la copa de la corrupción, especialmente  en la función de administrar justicia, a que se reclame un cambio en la formación de los abogados enfatizando en la ética como si esta pudiera inculcarse teóricamente para garantizar su pulcritud en el actuar, cuando lo que se debe hacer urgentemente es exigir mayor rigor en la admisión para los que van a estudiar derecho auscultando  más su condición humana -porque árbol torcido no lo endereza nadie-, lo cual no parece posible en un medio donde cualquier desadaptado entra fácilmente  -con tal  de que tenga como pagar la matrícula-, a facultades ávidas de lucro que ven en la formación de abogados un vulgar negocio donde no se compite por la calidad de sus egresados, sino por la cantidad que ingresen a dejar dinero que además después gradúan como en una piñata sin  reparar en el daño que se le hace a la justicia y a la sociedad con estos rábulas carentes de ética y conocimientos que después salen frenéticamente a pervertir el ejercicio de la profesión y a traficar con la justicia. Porque es claro también por esa visión mercantilista, que no se están formando abogados para el Estado social de derecho, sino para el enriquecimiento torticero en el ejercicio profesional.    

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