“Yo soy el pan que da la vida”

El milagro de la multiplicación de los panes colmó todas las expectativas dudosas de los apóstoles que para salir del paso querían despedir a la gente. Después de saciar a la gente, Jesús se va, quiere encontrar reposo en la oración solitaria  y también quiere huir del entusiasmo popular que quería hacerlo rey por aclamación y mientras El se aleja sobreviene la súbita tempestad muy propia en el Lago por la proximidad y situación de las montañas vecinas.

También en el Antiguo Testamento tanto Elías como Moisés tuvieron dificultades   para reconocer a Dios; tampoco los judíos reconocieron la presencia de Dios en Jesús de Nazareth porque esto  no encajaba en sus prefabricadas categorías mentales.

En este 19 Domingo del Año, Elías y los Apóstoles lo reconocieron después de la prueba del miedo. Elías lo reconoció a través de la brisa suave y los discípulos después de que calma una violenta tempestad.

Reconocer al Jesús real, no los fantasmas se puede hacer o en suave murmullo de la plegaria íntima o en el torbellino de ruidos y tormentas que aturden hoy la vida del creyente. Hoy se nos habla del miedo y la confianza, del conocimiento de Dios y de su deformación. El mensaje nos interroga ¿Qué clase de fe es la nuestra? Es la de los fantasmas o nos apoyamos en El en las horas de prueba y tempestad espiritual?

Hoy  los fantasmas son más refinados por periodistas que sin ningún escrúpulo profanan las tradiciones más sentidas de todo el cristianismo. La figura seria de Jesús en la Ultima Cena, reemplazada por una modelo sin conciencia ni moral y unos políticos extasiados en el dorso destapado de la venta de carne. Cuando los acusadores de la mujer adúltera oyeron la frase de Cristo: “El que esté sin pecado que le arroje la primera piedra”,  los primeros en huir fueron los viejos verdes que de pronto después de haber estado con ella, la querían matar con el consentimiento de Jesús.

Qué clase de preguntas le estarían haciendo en esta última mórbida  cena los varones protagonistas de la última modernidad y avanzada?

Jesús le dice a los suyos: “Yo Soy el Pan que da la Vida”; Nuestra fe en Jesucristo debe ser como una roca de seguridad frente a todos los fantasmas modernos de la presentación de Jesús. Normalmente las crisis, los miedos, las deserciones tienen siempre como telón de fondo el desconocimiento de Jesús.

Hay un desconocimiento de Jesús que es un rechazo y esto no es ni nuevo ni escandaloso para la Iglesia de Pedro, que es Iglesia de Jesucristo.

Llegará  un día como al final de la crucifixión del Señor en que sus más atrevidos enemigos tengan que repetir la frase de su derrota: “Verdaderamente Este era el Hijo de Dios”.

El Evangelio es tan importante que en la actualidad los signos, imágenes y tradiciones se consideran desde diversos puntos de vista: marxista, psicoanalista, materialista y así convierten a Jesús y a sus signos en fantasmas, algo irreal, inconsciente y absurdo. La esencia del cristianismo “es poder confesar bajo la moción del Espíritu Santo que Jesús es Dios” (1Cor.12,3). Quien conoce a Jesús nada tiene que temer, aunque tome agua como Pedro el impetuoso por buscar su cercanía. La confianza y la fe son el mejor remedio espiritual contra el miedo que nos rodea.