En medio de la expansión de la Covid-19, la administración municipal de Neiva el año anterior autorizó la reapertura de bares y gastrobares previo el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad exigidos por las autoridades sanitarias. Pero desafortunadamente la segunda ola de contagios que se ha presentado durante el presente mes en el departamento del Huila y en especial en su capital, ha obligado a establecer medidas restrictivas severas para contrarrestar el avance de esta pandemia. El toque de queda a partir de las 8 PM hasta las 5 de la madrugada, ha obligado al cierre temporal de los gastrobares, que se habían empezado a recuperar durante el último trimestre del año anterior.

Los trapos rojos han vuelto aparecer en estos establecimientos por la afectación que se ha venido presentando durante los últimos quince días. Desafortunadamente, así como vamos, nos esperan unas semanas muy complejas y dolorosas, que van a seguir afectando a este sector generador de empleo en la región.

Además, la limitante de prohibir la venta de licores en dichos establecimientos, han empeorado su situación económica desde el año anterior. Sus propietarios han estado anhelando esta autorización pero que, las autoridades sanitarias siempre se han expuesto por ser focos propicios para el contagio de este virus mortal, porque los beodos no mantienen el distanciamiento social y no cumplen con los protocolos sanitarios. Este sector de gastrobares encuentra semiparalizado y afectado por las pérdidas millonarias que han ocasionado a los propietarios de estos establecimientos.

Esperemos que sigan disminuyendo el ritmo de contagios durante las próximas semanas, para que nuevamente se dinamicen estas actividades económicas. Son muy pocos los sectores de la economía que no se han visto de alguna manera afectados por la actual pandemia. Entre los que con más dureza han sentido el impacto del covid-19 y de las medidas tomadas para contenerlo están aquellos cuyo funcionamiento está estrechamente ligado con la aglomeración de personas. Turismo, espectáculos, transporte y, sobre todo, restaurantes forman parte del hoy maltrecho segmento.

El caso es que los propietarios de gastrobares están sumidos en una angustiosa incertidumbre. Su futuro depende de lo que indiquen las cifras de avance de la pandemia, que aún impiden establecer en el futuro inmediato una fecha para la esperada reapertura. Temen, con razón, no haber sobrevivido cuando tenga lugar la esperada reapertura. Es de esperarse que poco a poco se abra un camino intermedio conducente a explorar alternativas que traigan algo de esperanza. El desafío más crucial de la reactivación es la creación de miles de puestos de trabajo.