Adwar Casallas 

Leía recientemente en The New York Times un artículo sobre las historias de los jóvenes petroleros que están padeciendo la otra “pandemia” que es el desempleo, que ya ha causado 100,000 desempleados desatada por la crisis económica en los Estados Unidos y, que luego de leerlo, ésta me llevó inmediatamente a recordar una historia similar de dos jóvenes que se graduaron en plena crisis del año 2015 donde Colombia no es ajena a esta problemática. Los volví a contactar y estas son sus historias. (Omitiré sus verdaderos nombres)

El es Luis, un joven que se graduó como ingeniero de petróleos en el año 2015 de una universidad privada, desde entonces nunca ha podido ejercer su profesión. El había enviado su hoja de vida a 100 empresas, con la esperanza de un puesto como ingeniero. Y después de 100 rechazos, Luis seguía buscando empleo, pero como ingeniero. Luis asegura que, en las grandes empresas, el rol de los ingenieros de petróleos ha sido ocupado por otras profesiones sin que exista un control por parte del Gobierno a estos casos. De algún modo sus papás profesionales también, influyen en sus decisiones pues creen que los casi 6 años que duró su hijo en la carrera ameritan para que se desempeñe en lo que su hijo sacrificó por noches de trasnocho y esfuerzo académico y pueda ejercer en lo que él estudió. Su difícil situación para encontrar trabajo no era singular; según estadísticas de ACIPET (Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos) existen en Colombia más de 12,000 ingenieros de petróleos de los cuales aproximadamente 7000 se encuentran sin empleo, sin contar con personal técnico y profesionales de otras áreas como geólogos y geofísicos quienes se encuentran en la misma situación.

La otra historia es Sara, que a diferencia de Luis es egresada de una universidad pública. Hija de una taxista que ha sacado a sus dos hijos adelante con muchas dificultades económicas. Su primer trabajo fue como practicante (ad honorem) en una empresa de servicios químicos petroleros, hizo una especialización, luego pasó a otra empresa como ingeniera junior en donde fue despedida sin justa causa, ella dice que fue por no obedecer a acciones no éticas de su jefe inmediato pero que no se atreve a denunciar porque opacaría su carrera profesional ya que asegura que existen las famosas “roscas” que impiden la entrada de nuevos jóvenes. Desde entonces se ha dedicado administrar un local de venta de equipos celulares mientras encuentra una mejor oportunidad laboral, una justicia social.

Según el DANE las tasas de desempleo juvenil tienden a ser más altas que las de los adultos. Las implicaciones de la “generación sin empleo” son claras. Disturbios e inestabilidad social han sido una grave consecuencia.

Desde el lado de la demanda, se puede argumentar que: Los jóvenes a menudo se encuentran en una trampa de experiencia, en la que los empleadores cada día requieren trabajadores con experiencia, de modo que los jóvenes se ubican al final de la fila.

Aunque el problema parece abrumador y paralizante, incluso una pequeña o mediana empresa o un individuo pueden contribuir a la solución.