sábado, 17 de noviembre de 2018
Opinión/ Creado el: 2018-09-08 09:08

La inseguridad es para todos

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | septiembre 08 de 2018

La inseguridad es un fenómeno social que nos acosa a todo lo largo y ancho de la geografía nacional. No hay proceso de Paz, no hay conciencia ciudadana, no hay autoridad que valga, y los postulados de nuestro estatuto constitucional, no son suficientes para una convivencia pacífica y mucho menos para garantizar la vida, la honra, los bienes y la tranquilidad de los ciudadanos, sin importar el lugar o el sitio en el que se encuentren.

Los funcionarios públicos y las empresas privadas, al igual que cada uno de los cuerpos que hacen parte de las ramas del poder público, en la conformación de políticas estatales, se han convertido, no de la noche a la mañana, sino como parte de un proceso histórico que no tiene retorno en un corto tiempo, como la fuente y el epicentro donde todas las formas de corrupción, se dan cita, para entorpecer y sacar el mejor partido, tanto del papel burocrático, como de la forma de distribución de los contratos y del destino de los recursos del Estado.

A ello se le suma la existencia y la forma como se difunde y se expande día a día, el fenómeno de la delincuencia callejera, de las bandas criminales, de las pandillas dedicadas al crimen, al fomento y distribución de sustancias alucinógenas y a todo ese entramado donde el delito, la impunidad y la falta de autoridad, se unen para que el ciudadano se vea mancillado en su patrimonio, vea ultrajado su hogar y en todo momento, no haya quien vele por la seguridad de sus haberes.

En tanto, la autoridad policiva es incapaz de prestar una colaboración eficaz y de ofrecer resultados satisfactorios. Ante los operativos en los cuales se capturan a los presuntos delincuentes, es muy fácil encontrar la réplica de la justicia que en aplicación de los principios normativos vigentes, se extrema en su celo por liberar a las pocas horas a quienes son sorprendidos “con las manos en la masa”, y todo vuelve a la normalidad: es decir, a la inseguridad.

Las zonas rurales, centros poblados que crecen cerca de nuestra cabecera municipal, el índice de peligrosidad y la frecuencia delictiva crece y se multiplica en forma alarmante. Grupos de muchachos se reúnen a consumir estupefacientes, se concentran a jugar con piques en las carreteras, están atentos a la ausencia de los moradores en las viviendas y asaltan o se disfrazan de vecinos, para romper puertas y ventanas y salir victoriosos en sus actos delictivos.

Nadie hace nada. Las mismas comunidades son impotentes y guardan silencio cómplice. Mientras no se les esquilme sus recursos, mientras no sean las víctimas, todo el mundo se queda callado. Y cuando les toca el turno, forman una alharaca y terminan acusando injustamente a quienes nada tienen que ver con esos delitos y todo termina en un volver a rehacer su patrimonio. Las autoridades guardan silencio y el reino de la inseguridad vuelve a ser para todos.

Qué tiempos aquellos en los que la paz y la tranquilidad pudieron ser posibles y sacrificábamos todo, por vivir en estas tierras. Hoy, ni los periodistas o los locutores que fungen de periodistas, se ocupan de lo que está sucediendo en éstas tierras, por cuanto, más vale hacer campaña política o engrandecer quienes dirigen la administración, que mostrar las falencias de nuestra región, porque Garzón, con la inseguridad, volvió a ser para todos.

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