Existe una tendencia generalizada de los que han detentado el poder con maniobras fraudulentas, a mantenerse en esas conductas y hasta hacer de ellas, por todos los medios, hacer del fraude, hoy “jugaditas”, de las cosas mal habidas, el itinerario a seguir de una sociedad.

A intervenir en la deformación de la verdad, haciendo de la mentira la ratio decidendi, y lo peor, reiterándola en formas grotescas, atendiendo al supuesto “aforismo” de que las mentiras repetidas se convierten en verdades.

Falsa ilusión, poco exquisita, por cierto. Y peor aún, esa reiterada forma de hacer de la mentira, verdad, ha hecho del cinismo la norma de conducta de los patrocinadores de esas ilusiones.

Pero lo más grave de todo, es que hay personas que han caído en ese ejercicio, eso demuestra los niveles tan bajos de la educación nuestra; y lo peor, la mayoría de los colombianos sabemos los males endémicos de nuestra sociedad y los dirigentes políticos poco o nada se preocupan por solucionarlos debidamente.

Peor aún, han entrado en un dañado y punible ayuntamiento, en un maridaje corrupto con quienes promueven esos endemoniados males, para hacer de la sociedad en crisis, el caldo de cultivo de sus riquezas mal habidas, para financiar campañas políticas con el dinero de la podredumbre, que le llamamos corrupción.

Pero es la clase política la promotora de todos los males endémicos nuestros, para enriquecerse y poderse mantener en sitios de privilegio del Estado, y consecuente con ello, mantener a la sociedad en esos niveles de subyugación, propios de la ignorancia y ausencia de conocimiento.

Es triste ver el protagonismo cínico, de quienes han destrozado la ética y todos los valores que alimentan moralmente al individuo, hablando contra la corrupción, y hasta con refrendos populares para hacerse elegir, y han hecho de esa misma corrupción la fuente de sus riquezas.

Triste aún más, que sea la misma sociedad asteada de tanto cinismo, de tanta incapacidad en todos los órdenes del poder público, sigan amamantados directa e indirectamente de esas ubres, y en medio de las cervezas, chichas y otras bebidas aromáticas, viven maldiciendo al Estado, a los gobiernos de turno, negándole el alimento a sus familias, porque ya solucionaron todos los problemas, incluido, la próxima elección.

Los únicos coherentes por lo que veo hasta ahora, todos los sabemos, es que los grandes beneficiarios de la corrupción, y todos los males, como la no fumigación, son los que descaradamente se han enriquecido, y lo siguen haciendo a borbollones ante la mirada impávida del gobierno.

La evidencia, la mejor verdad.