Categorías: Opinión

La molienda no es con yeguas

Sólo un gobierno fuerte es capaz de proteger y dar seguridad a los ciudadanos. Esa es una de
las responsabilidades primordiales del Estado.
Los grupos que por tener una causa justa usan la violencia tengamos que justificarlos.
El gobierno es el garante del “Estado de derecho” y su fortaleza se convierte en la única
protección que tiene la sociedad cualquiera ella sea.
Hemos observado que el gobierno se dejó coger las barbas y se las colocaron en remojo, desde
las primeras protestas, nada de pacíficas, se lo han demostrado al gobierno y a la sociedad
hasta la saciedad, protestas que fueron anunciadas por los promotores del terrorismo,
ampliamente conocidos por las autoridades.
Desde los inicios del gobierno, se estableció una estrategia de diálogo y concertación, invento
fracasado, porque esas formas frente al delito no funcionan y dejan la sensación de debilidad,
como en efecto ha sucedido.
Mejor dicho, Duque está haciendo todo aquello para lo cual no fue elegido, a unos costos
sociales y políticos gravísimos para la sociedad toda, ricos y pobres, con mayor razón aquellos
que deambulan en la miseria.
Esa negativa persistente del gobierno en acudir a los estados de excepción, creyendo
equivocadamente que se deja de ser demócrata si hace uso de ellos, es una muestra adicional
de debilidad y congraciarse con quienes promueven las vías de hecho, patrocinada por las
omisiones cómplices del gobernante.
Me sumo a quienes creen que Duque no estaba preparado para asumir la responsabilidad de
dirigir a Colombia, sino de un país, solo existente en su imaginario personal, hasta de
arcángeles, cuando estamos poseídos por todos los demonios, narcotráfico, corrupción,
miseria, desigualdad, etc.
Peor aún, poseído del peor mal que le puede caer a un gobernante, especialmente terco, con
mayúscula, y soberbio, porque le montaron, por su inexperiencia administrativa y
vulnerabilidad en su personalidad, esquemas de odio hacia quienes, por la sordera deliberada
del gobernante, deberían ser sus consejeros legítimos.
No ha tenido capacidad ni siquiera de armonizar sus relaciones con el congreso, saliendo de
allá; toda una catástrofe legislativa desde el inicio del gobierno.
En fin, pareciera que se nos vino la noche, pero en la oscuridad aparece la luz esperanzadora
de las grandes soluciones ante semejante crisis que solo se inventó el gobernante.
Ojalá entienda que ser terco y arrogante no es el mejor consejero, y que quienes lo llevaron a
este desastre, por el bien de Colombia deben alejarse, porque definitivamente la molienda no
es con yeguas.

Claudia Nayibe López

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Etiquetas: La molienda

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