Por: Oliverio Nicolás Lara Ramírez

Por muy frase de cajón que suene, somos los jóvenes los que estamos llamados a generar el cambio. Está claro que después de lo ocurrido en la pandemia y lo que se evidenció en las protestas nacionales, los jóvenes estamos abriendo los ojos, nos estamos quitando los vendas que por años llevábamos y a la cual nos tenían acostumbrados, nos hemos dado cuenta de que estamos -como se diría en la jerga popular mamados- de sentirnos sin representación en las esferas de poder, sin alguien que verdaderamente piense y entienda a los jóvenes a la hora de tomar decisiones contundentes que conlleven el cambio real.

Existen múltiples ejemplos de la desconexión de quienes toman las decisiones, entre ellos encontramos uno de los grandes fallos del Gobierno Nacional en cuanto a generar ideas que creen oportunidades para un mejor futuro. Las decisiones que se toman son anticuadas y no se adaptan a lo que el futuro, no solo de Colombia sino a nivel mundial necesita. Por ejemplo, hoy en día se cree que son solo garantizar educación superior a los jóvenes es suficiente y no esto no es así, la solución se debe plantear desde las bases, de la primera infancia, es en los primeros años de educación donde se aprende las cosas necesarias para después ser aplicadas en los diferentes campos donde uno se desarrolle y es ahí donde se está fallando. Tenemos que ser conscientes de que hoy en día hay millones de niños, tanto en la zona rural como en la urbana, no solo en Neiva, sino en todo el país, inclusive antes de la pandemia, que no tenía la oportunidad de tomar al menos los cursos básicos de primaria o si la tienen tiene que caminar durante varias horas y por zonas por las cuales su integridad física y psicológica está en peligro.

Otro ejemplo de uno de los hechos que genera el descontento de los jóvenes y de los cuales los jóvenes tenemos que tomar las riendas, es el que actualmente se vive en una de las universidades más importantes del País como es la Universidad Surcolombiana -USCO-, es inaudito que lleven en tantos meses sin alguien escogido democráticamente en la rectoría de la Universidad y todo porque se ha visto el proceso manchado de corrupción, de mermelada, de malos manejos. Además, lo que más sorprende es que algunos de los candidatos son personas que no representan a los jóvenes, que tienen pensamientos e ideas viejas, que no buscan que la USCO avance, impidiendo que con todo el potencial y talento que tiene la USCO compita con universidades privadas catalogadas como las mejores del país.

Ante estas situaciones, en adición a lo que aprendimos de la pandemia y las protestas, es que los jóvenes estamos llamados a generar el cambio, siempre y cuando sea por las vías democráticas y legales,  que los jóvenes debemos ser conscientes y pensar en las consecuencias que tendrán nuestras acciones. Si de verdad queremos generar una revolución de cambios, que es lo que estamos llamados, debemos iniciar por ejercer nuestro derecho al voto y ser responsables a la hora de hacerlo, ahora hay mucho discurso populista que suena muy bien, muy bonito, pero en la realidad es imposible de hacer o si se hace tendría consecuencias catastróficas. La responsabilidad de votar bien recae en nosotros y hacerlo, se debe votar por gente que tenga ideas nuevas, que sean personas íntegras que estén preparados de manera física, educativa pero sobre todo de manera moral, que sea capaz de decirle no a la corrupción, de lo contrario seguiríamos en el mismo círculo vicioso en el que estamos y no nos deja avanzar.

Ahora tenemos la oportunidad  de generar esa revolución de cambio y todo inicia desde acciones sencillas como es la inscripción de las cédulas para que en el 2022 y en el 2023 nos hagamos sentir escogiendo gente joven, con buena historia y resultados, gente íntegra que esté dispuesta a servirle a la comunidad como debería ser, y que sea gente que no se obsesione con llegar a un cargo de poder por andar con un esquema de seguridad o estar montado en una Toyota blindada.