miércoles, 18 de septiembre de 2019
Especiales/ Creado el: 2019-02-25 09:07

La vida social de las estrellas

La forma más conocida de asociación entre estrellas es la "vida en pareja" o estrellas binarias. Son sistemas en que dos astros, sujetos a la fuerza de atracción gravitacional mutua, se mantienen en órbita alrededor de un centro de masa común.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 25 de 2019

Por: Márcio Catelan

Conforme señalamos hace algún tiempo en este mismo espacio, las estrellas, al igual que las personas, poseen sus propios ciclos de vida: nacen, crecen y mueren. Pero gran parte de ellas no lo hace en forma aislada, sino que en compañía de otras estrellas: poseen una especie de "vida social". Las estrellas típicamente nacen formando parte de cúmulos estelares y sistemas múltiples, en vez de aisladas.

La forma más conocida de asociación entre estrellas es la "vida en pareja" o estrellas binarias. Son sistemas en que dos astros, sujetos a la fuerza de atracción gravitacional mutua, se mantienen en órbita alrededor de un centro de masa común.

Dependiendo de los tipos de estrellas que forman el par binario y de la etapa de sus vidas en que se encuentran, sus períodos orbitales pueden variar desde fracciones de horas hasta millones de años. En este último caso, la interacción entre las dos estrellas es bastante débil, cada una evoluciona como si la otra prácticamente no existiera, y agentes externos pueden ocasionar, con relativa facilidad, su separación definitiva. En cambio, cuando los períodos son cortos, los sistemas son muy compactos, la interacción entre las dos estrellas es muy fuerte, y el curso de vida de ambas estará críticamente afectado por la otra.

En una relación simbiótica (y un tanto incestuosa), no hay límites para la interacción en los sistemas binarios compactos: pueden transferirse materia entre sí, desarrollar una envoltura común, e incluso fusionarse o explotar. Como ejemplo, las llamadas variables cataclísmicas son sistemas binarios con una estrella de secuencia principal, como el Sol, que transfiere materia hacia una enana blanca. Dependiendo de la intensidad del campo magnético, puede o no establecerse un disco de acreción alrededor de la enana blanca, el que controla gran parte de las propiedades del sistema. En el caso de las novas, la transferencia de masa eventualmente desencadena una o más explosiones termonucleares en la superficie de la enana blanca, pero sin alcanzar a destruirla. Sin embargo, si la masa de la enana blanca excede el llamado límite de Chandrasekhar, la estructura ya no logra mantenerse estable: la estrella colapsa y explota en forma de una supernova, sin dejar remanentes. Esas son las llamadas supernovas termonucleares, también conocidas por los astrónomos como de tipo Ia, que son de gran importancia en el estudio de distancias a escala extragaláctica y la expansión del universo.

Aunque la gran mayoría de las estrellas se encuentren en sistemas aislados o binarios, alrededor de 10% de estas forman parte de sistemas múltiples, en los que tres o más estrellas orbitan alrededor de un centro de masa común, formando configuraciones bastante complejas. Un ejemplo conocido es Castor, compuesto de seis estrellas. Y más allá de esos sistemas, están los cúmulos estelares, que pueden tener desde algunas docenas hasta muchos millones de estrellas gravitacionalmente ligadas.

Incluso mucho tiempo después que esos cúmulos, sistemas binarios o múltiples se hayan disuelto, se puede establecer la antigua asociación entre las "familias" de estrellas. Para ello, recientemente, se propuso utilizar técnicas similares a los estudios de ADN. Así, en el futuro cercano, se anticipa poder identificar los colactáneos del mismísimo Sol, ya que, aunque parezca difícil creerlo por lo solitario que se ve hoy en día, incluso nuestro astro-rey también debe haber formado parte de un cúmulo estelar en su nacimiento.

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