Por: Álvaro Hernando Cardona González

 

En Colombia tenemos un número exagerado de legisladores. Y mucho menos, tantos en los niveles territoriales (concejos y asambleas).

En el Congreso de la República, además, ya es muy obvio que se nos llenó de castas. Llegan los primos, esposos, hijos, compañeros permanentes, etc; de quienes ya llevan varios períodos, o peor, de quienes se pensionan. Y nada de ideologías en la discusión, sucede con todos los colores “ideológicos”.

Los congresistas llegan para quedarse. El sistema está para que el que llega, se quede por muchos períodos. Eso sí, todos hablan de “la necesidad de renovación”.

Pero bueno, su permanencia se justificaría si trabajaran en lo que se espera: legislar en favor de la sociedad colombiana. ¿Por qué no legislan los congresistas? Hay muchísima lógica legislativa. Por ejemplo podrían legislar para evitar que un congresista esté más de dos períodos, para que los gobernantes hagan carrera, es decir, que sólo puedan ser gobernantes pero nunca gobernantes que hacen campaña; pueden también legislar para impedir que un funcionario electo pueda renunciar para aspirar a otro cargo de elección sin terminar su período; también pueden legislar para regular las ilógicas de los bancos, pues es nada justifica que si algunos bancos ya no cobran por sólo tener tarjeta de crédito, sin usarla, mientras otros sigan cobrando, con ello espantando el crédito de consumo.

Muchos lectores se preguntan, con razón justificada, porqué quienes son elegidos para proponer, discutir y expedir las leyes de la República, no lo hacen. En cambio se dedican con un ahínco ejemplar a perseguir contradictores, a mantenerse activos en redes sociales, a criticar el Gobierno de turno porque no hace tal o cual cosa que le obliga la legislación que podrían modificar. En fin, legisladores que hacen todo bien, menos aquello para lo cual los elegimos y pagamos.

Hay mucho sobre qué legislar: sistema bancario, documentos y trámites absurdos, sobre economía, sobre prácticas que propician la corrupción, sobre educación (obligarnos a los educadores a evaluarnos periódicamente, por ejemplo). Necesitamos legislar sobre justicia urgentemente. Dejar de legislar para conceder honores y crear festivos.

En materia ambiental sí que hace falta legislar con seriedad y responsabilidad. Necesitamos definir el territorio explotable del no explotable. Que páramos, áreas protegidas y estratégicas, zonas de riesgo, y otras se excluyan de la explotación. Pero que se defina también las condiciones bajo las cuales ambientalmente las otras se puedan explotar. Y con eso evitar conflictos innecesarios y costosos. También urge identificar causas de conflictos en otros trámites y adoptar las medidas para evitarlos. El ambiente quiere la paz.