El rebrote del Covid-19 nuevamente ha golpeado a diferentes países en todo el mundo, y por supuesto Colombia no ha sido la excepción. En los últimos días hemos sido testigos de cómo se han elevado las cifras no solamente de personas contagiadas, sino también de víctimas fatales producto del coronavirus.

Mientras en muchos otros países latinos como el caso de Argentina, Chile, Costa Rica y México ya iniciaron a vacunar a la población, en Colombia seguimos sumergidos en un mar de incertidumbres, liderados por un Gobierno Nacional especialista en mentir y que seguramente utilizaran las vacunas como una forma de hacer campaña política ahora que se avecinan nuevamente las épocas electorales.

Aún recuerdo al Presidente Iván Duque, en medio de uno de sus programas televisivos diarios a finales del año pasado (por cierto un despilfarro innecesario de dineros públicos), como anunciaba lleno de júbilo y con la capa salvadora puesta, la adquisición de cerca de 40 millones de vacunas para Colombia y además la iniciación para aplicarlas en las primeras semanas del 2021.

Pues bien, en los últimos días el Ministro de Salud Fernando Ruiz, un tipo bonachón y de los pocos Ministros que tal vez no se raja, reconoció que aún no hay una fecha exacta para la entrega de las vacunas.

Es decir que mientras la mayor parte de países en todo el mundo ya han iniciado su programa de vacunación para tratar de dejar este virus atrás, en nuestro querido platanal seguimos en un debate que en cualquier Estado medianamente educado sería reprochable y es la aparente falta de transparencia por parte del Gobierno Nacional para la adquisición de las vacunas.

Si algo debimos aprender de esta pandemia es la importancia de fortalecer la Ciencia y la Educación para el desarrollo de cualquier país. Tuvimos más de 10 meses después de que se reportó el primer caso de Covid en Colombia para prepararnos y tomar precauciones ante la pandemia, pero no fue así.

El panorama en Colombia es desalentador, a la fecha no hay suficientes camas UCI, empiezan a escasear los medicamentos, el personal de salud está en precarias condiciones laborales. Sumado a esto el panorama laboral no es el mejor, la población más vulnerable no tiene una renta básica para subsistir, las MIPYMES sin fondos y por si fuera poco, las vacunas parecen ser obra de un cuento chino.

La mayoría de los colombianos deben sobrevivir con menos del mínimo, muchos incluso arriesgan sus propias vidas saliendo diariamente a la calle con tal de llevar algo de comer a sus familias, por lo que pensar en un confinamiento total sería crítico para un país que vive del rebusque.

La falta de experiencia y la improvisación en la planificación para frenar el virus por parte de un Gobierno Nacional indolente, sumado a la indisciplina social y la falta de cultura ciudadana, han sido los principales detonantes para la caótica situación que atraviesa el país. No sigamos jugando con nuestra salud y la de nuestra familia, asumamos responsabilidades individuales y cuidémonos entre todos porque esto no es un juego.