Por: María del Carmen Jiménez

Este año gemelo afectado por la mayor crisis sanitaria del planeta cobró muchas vidas, desnudó al mundo porque puso en evidencia el inhumano y voraz modelo económico que impera en nuestros países. Mostró las deficiencias del sistema de salud, de educación entre otros.  Detuvo nuestros estilos de vida, de consumo y generó mucha incertidumbre.  Las respuestas para enfrentar esta crisis humana no han sido las mejores, poco han tenido en cuenta las señales ambientales y lo que significan para nuestro futuro y bienestar.

No obstante, muchas lecciones importantes nos deja esta pandemia:  Permitió a las personas ser conscientes de su capacidad para enfrentar la adversidad y adaptarse a los cambios, de mostrar su empatía y solidaridad. Muchas familias han vivido momentos muy duros al sufrir la pérdida de algún integrante, también nos ha tocado despedir en la distancia a entrañables amigos. Reponerse del sufrimiento requiere gran capacidad de resiliencia de las personas. A todo esto se sumó la soledad que impusieron las medidas de confinamiento prolongado que nos afectó en mayor o menor grado y que en algunos provocaron cuadros de depresión.

Aprendimos a usar la tecnología y plataformas de comunicación. La educación de nuestros hijos pasó a ser virtual, los docentes y padres de familia ante la ausencia de herramientas tecnológicas se volvieron ingeniosos y más creativos.

En fin, el 2020 nos enseñó el valor de la vida, la salud, la ética del cuidado, la solidaridad, la importancia de cómo vivir bien habitándonos a nosotros mismos en convivencia con los demás.

Esta etapa que vivimos nos ha dejado muchas lecciones como humanidad y nos insta a prepararnos para un mundo diferente. Cuando salgamos de este trauma colectivo podremos decidir volver a la antigua trayectoria vivida como personas, como sociedad o como nación, o aprender de la experiencia para tomar decisiones diferentes con miras a construir un mundo mejor, más humano, equitativo, justo y sostenible.

Esta crisis nos ha abierto los ojos sobre la fragilidad de la vida y las circunstancias ajenas destapando las desigualdades que han dejado a tantas personas con necesidad urgente de asistencia médica, trabajo, refugio y vida digna.

Ante las graves consecuencias económicas y sociales de la pandemia los gobiernos deben hacer las cosas de otra manera. Es urgente adoptar una actitud más seria respecto al cambio climático, haciendo una transición de los combustibles fósiles a las energías renovables. Es imperioso reforzar los sistemas de salud respaldada con los recursos suficientes y condiciones laborales dignas para todo el personal de este sector.

Al redactar este artículo recuerdo a mi familia, mis nietos, mis amigos y pienso en lo afortunados que somos de seguir con vida en medio de esta situación tan difícil. Parafraseando al poeta Mario Benedetti quiero invitarlos a no rendirnos a no ceder “aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento. Aún hay fuego en nuestras almas aún hay vida en nuestros sueños…” Que el 2021 nos permita vivir con dignidad.