Donald Trump, que hoy llega a su final como mandatario en los Estados Unidos, fue tan desafiante y desarraigado en los proverbiales conceptos de la democracia a los cuales estamos acostumbrados. Las amenazas a las que nos enfrentamos los que creemos en la definición de Winston Churchill (“La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”) nos invitan a estar alertas, más aún cuando hay líderes políticos de todos los colores que quisieran “correr la cerca de nuestras instituciones” bajo el entendido que con poderes antidemocráticos es como se debe gobernar. ¡Mamola! Afortunadamente nos quedan salvavidas académicos como Steven Levitsky y Daniel Ziblatt con su libro “Cómo mueren las democracias” (Ariel, 2018).

Estos politólogos de la Universidad de Harvard se dieron a la tarea de estudiar las amenazas que podría traer Trump para el mundo, pero de forma puntual para los Estados Unidos. Para no hacerle spoiler al libro voy a tomar algunas de sus ideas y ventilar lo que pasó, según los profesores, y cómo poder evitar el continuismo trumpista que sin duda existe como método en la cabeza de muchos políticos allá y en nuestra región. La amenaza en la nación norteamericana se originó por los cambios de la composición sociodemográfica de los años 60 a hoy. La antigua mayoría blanca y protestante descendió de forma estrepitosa al igual que aumentaron las desigualdades económicas en toda la Unión. Esta mezcla unida a la conjugación de migrantes latinoamericanos, asiáticos y los afroamericanos, consolidaron un muro de contención que se evidenció en las urnas.

Uno de los elementos esenciales en las democracias, según Levitsky y Ziblatt, es la imperiosa necesidad que deben tener los derrotados para que luego de unos días de rumiar la pérdida electoral tengan el firme convencimiento de que hay otra oportunidad de volver al ruedo y ganar. De lo contrario, como parece suceder en la actualidad, cuando el candidato-presidente Trump no aceptó la derrota de forma clara y sus seguidores piensan que la llegada de Biden y Kamala a la Casa Blanca es el apocalipsis. Cuando no se respeta la victoria de los contendores se recurre a estrategias no democráticas. Las escenas de unos energúmenos y “libreteados” trumpistas asaltando el Congreso de ese país son traducción de su amargura antidemocrática y la desesperanza que tienen de un posible triunfo en los años venideros.

Los autores sostienen que los gobernantes tienen en su poder la posibilidad de generar los mecanismos para que siga prevaleciendo la tolerancia entre adversarios y así evitar descender donde ya cayó Trump: tratar a sus rivales como enemigos del país y criminales de Estado. El otro elemento es evitar la tentación de usar los suprapoderes presidenciales. En la reciente designación de la nueva juez de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, Trump usó la aplanadora y con legales pero extralimitadas funciones exageró hasta lograr mayorías ideológicas en el alto tribunal.