Al servidor público se le paga su oficio: servir. Y debe servir bien, lo cual incluye hacerlo con rectitud frente a los manuales de funciones de la entidad. Más el resultado de su actuar no puede quedarse en la rutina del trámite, debe trascender el horizonte del horario laboral y del tiempo que dura sentado tras de un escritorio. El oficio de servir pasa indefectiblemente por la armonía de la fe que pone el servidor en lo que hace. Rasgos intangibles de una personalidad solícita a entregar una sonrisa u ofrecer amablemente la silla al ciudadano que consulta. Una disposición hacia querer encontrar la alternativa para solucionar la petición. Son servidores que saben vencer la dureza de la burocracia y fluyen expeditos recurriendo a sus relaciones construidas durante años, en procura de satisfacer al ciudadano.  Encontrar este comportamiento en el servidor público es estar frente a un misionero que cumple con denuedo el encargo hecho por el sistema. Debo decir que, por fortuna, tenemos muchos misioneros que trabajan en sectores tantos como la cultura. Los hemos visto durante décadas, dejando, como diría el difunto exalcalde de Neiva Jairo Morera Lizcano, jirones de su propia vida, sirviendo a las causas preservadoras de la identidad cultural. Me permito citar algunos ejemplos de hombres y mujeres que tienen estos matices de abnegación por el arte y la cultura, desde el importante papel de la gestión cultural. Miguel Darío Polanía, cuya limitación auditiva se incrementó sensiblemente con el paso de los años, supera cada día el reto de ayer, de escuchar a los usuarios de la Biblioteca Departamental, recurriendo si es preciso, a la lectura de sus labios y gestos y traducirlos para sí, y actuar para que el lector se vaya satisfecho. Guillermo González Otálora, se cultivó en la literatura para cosechar en bien del territorio aportes memorables en el desarrollo del Festival Folclórico Nacional del Bambuco, amén de los intercambios culturales que estrechan a nuestros cultores con otros de tantas latitudes. Maritza Valderrama Cervera, supo esculpir en el Museo Arqueológico Regional, su sello propio en guiones museológicos y museográficos para hacer que los vestigios precolombinos del territorio y del Alto Magdalena, pervivan en el tiempo. Fernando Antonio Torres Restrepo, reputado gestor del patrimonio tangible e intangible en el Huila, con reconocimiento nacional, ha dedicado sus días para edificar vigías de costumbres y saberes, encausando a niños y jóvenes hacia esta labor de invaluable aporte a la humanidad. Gestores como Martha Helena Polanía, cuya constancia y fe hacen que las escuelas de formación artística y cultural en cada municipio sigan siendo prioridad en las inversiones locales, sin cuya presencia el pueblo pareciera carecer de alma. Rafael Ángel Delgado en sus sueños de investigaciones e inclusión social de minorías étnicas, Luis Calixto Bravo Garcés, Alduvina Trujillo, Zury Martínez, Luz Stella Cárdenas, Jorge Ruíz, Arnold Tovar, Edgar Valenzuela, Arcesio Bermúdez, Juan Jaiver Polanía, Raúl Rivera, Lizandro Sánchez, Jorge Alirio Ríos, Olmo Guillermo Liévano, Enrique Díaz Escandón, Reynel Salas, María del Carmen Jiménez, Gilberto Rojas, Diana Marcela Molina, Douglas Romero, Nubia Monje, Arley Fernando Mosquera, y con ellos mujeres como Margoth Ayuri y la dulce Olivita, como rostro amable en la antesala de Secretario Daniel Leonardo Sanz. Y ni qué decir de Omar Polo Parrasí, el hombre en cuya gestión las comunicaciones culturales han llegado a sus destinos durante cerca de dos décadas. Hay tantos más gestores que desde la dinámica cultural departamental han hecho y hacen mucho por la preservación, promoción y desarrollo de la cultura y sus manifestaciones. A varios de ellos los he visto menguar sus capacidades físicas y tal vez algo más, por entregarse a la misión cultural. Se trata de una selección de servidores en cuyos aportes culturales se destacan creaciones literarias en poesía, cuento, novela, ensayo, manuales técnicos; pintura, etc. Creo que es justo reconocer su amor y dedicación por las causas del territorio en materia de cultura.