viernes, 21 de septiembre de 2018
Contexto/ Creado el: 2018-05-27 10:19 - Última actualización: 2018-05-27 10:44

Mujeres en la cárcel, un drama que va más allá del encierro

Cuando una mujer es encarcelada, se impacta la vida de su familia y en especial  la de sus hijos; sumado a lo anterior, mantener la custodia de sus hijos y la imposibilidad de pagar una deuda, son situaciones que terminan por ejercer una enorme presión económica en estas mujeres; influyendo en sus acciones delictivas.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 27 de 2018

De acuerdo a un estudio realizado por el Observatorio de Drogas Nacional, “Una guía para la reforma de políticas en Colombia”, demostró que el encarcelamiento afecta de una manera distinta al género femenino. La investigación reveló que estas mujeres tienden a tener un perfil social específico, es decir en su mayoría  se trata de mujeres de escasos recursos  que tienen a cargo a personas dependientes de su cuidado.

El Inpec registró en el 2015 que desde 1991, el número de mujeres encarceladas se ha multiplicado 5.5 veces y, de ese porcentaje, casi 5 de cada 10 mujeres están en prisión por delitos relacionados con drogas.

De ellas, el 93% son madres y el 52% son madres cabeza de hogar. Además contextualizó que en muchas ocasiones estas personas recurren a estas acciones delictivas con el fin de encontrar medios y recursos para cuidar y proveer a las personas a su cargo para así satisfacer las necesidades diarias.

Ante esta realidad, la cárcel de Rivera no es ajena. La Personera de Neiva Heidy Sánchez Castillo, indicó que muchas conductas delictivas de las mujeres tienen justificación por el entorno marginal en el que habitan.

 “Hay algunas mujeres que son abocadas a las circunstancias de entornos complejos de marginalidad de los que habitan y han visto como opción para emplear conductas delictivas, como ejemplo el  tráfico de estupefacientes y el hurto, pero finalmente no han medido las consecuencias  y que han terminado en el centro penitenciario. Y claramente cuando una persona se encuentra en entornos difíciles con necesidades básicas, estas personas se vean atraídas a cometer estos actos”, indicó. 

Perfiles

Cada vez más mujeres con un perfil específico entran a la cárcel, en su mayoría de madres cabeza de hogar que viven en condiciones de pobreza y por esta razón, encuentran en el mercado de drogas una oportunidad para satisfacer las necesidades económicas del día a día para ellas y para las personas a su cargo. Aunque también existen hombres con este perfil social específico, la tendencia es que sean predominantemente las mujeres quienes asumen estas labores de cuidar y proveer a sus familias en virtud de las expectativas y los roles sociales asignados a las mujeres en nuestras sociedades.

Mujeres con pocas oportunidades para ingresar al mundo laboral en buenas condiciones, ya que  no tienen educación, los trabajos a los que pueden aspirar son precarios y las dificultades para conseguir empleo son crecientes. El Inpec en el 2016 registró que el 74 % de las internas en Colombia ni siquiera ha podido concluir su bachillerato.

En relación a la cárcel de Rivera, la personera caracterizó tres perfiles de las mujeres que pagan condena.

“El primero, caracteriza aquellas mujeres que de una u otra manera son de escasos recursos económicos, han tenido que vivir entornos familiares difíciles.  Esto les ha generado que se conviertan muy fuertes, un tanto agresivas, desconfiadas y prevenidas.

“Existe otro perfil de mujeres, ya maduras, aquellas que estando en esta condición de la privación de la libertad les genera preocupación por sus hijos, sus mamás y papás. El tercer perfil son otras que han tenido que vivir desde su niñez situaciones difíciles que de una u otra manera han generado que su comportamiento, por ejemplo en la  lejanía estando dentro del establecimiento, entonces es más complejo en el momento de socializar, compartir y comunicarse”, dijo.

Las mujeres pueden ser una de las más afectadas porque algunas cumplen roles elementales como hija, madre o esposa,  “hay algunas mujeres que se sienten abandonas por sus familias debido a sus mismas conductas que las han llevado a estar en reclusión, eso permite que vivan un aislamiento por parte de sus familias, generando una situación emocional fuerte en ellas”, agregó Lorena Castillo.

Falencias

Las mujeres y los hombres tienen experiencias distintas en la cárcel, es decir existen situaciones únicas que enfrenta el género femenino, por ejemplo cuando las mujeres se encuentran embarazadas afrontan múltiples barreras para acceder a servicios de salud adecuados en la cárcel.

Asimilando esta situación en la cárcel de Rivera, la personera expresó “es crítico en el sentido en el centro penitenciario tiene unas deficiencias como los servicios médicos; porque hay son muy demorados los procedimientos. El derecho a la salud es lo más fundamental por lo que hemos hecho los acompañamientos a este tipo de casos debido a esta  contexto crítico”, puntualizó.

Es decir, pues las cárceles en Colombia  no cuentan con equipos, infraestructura o profesionales que puedan atender sus necesidades concretas. En últimas, la cárcel no está pensada para las mujeres; las necesidades propias de su biología no encuentran respuesta en las prisiones y esto genera vulnerabilidades sobre sus cuerpos, vidas, y sobre sus hijos o hijas.

Contexto

De acuerdo al estudio, en el país  el  52,81% de las mujeres que ingresaron por delitos de drogas son divorciadas, separadas, solteras y viudas, el encarcelamiento se dio en circunstancias en las que no contaban con un compañero del núcleo familiar que las apoyara en el cuidado de sus hijos; mientras que para el caso de los hombres esto ocurrió en el 27,24%.

Este papel de cuidadoras tiende a ubicar a las mujeres en posiciones de vulnerabilidad porque, por un lado, deben enfrentar situaciones de esposos o padres ausentes en las que las cargas del cuidado recaen exclusivamente sobre ellas y, por otro, cuando esa función se conecta con la pobreza, las mujeres deben convertirse también en proveedoras y, muchas veces, no cuentan con las condiciones suficientes para cumplir ambos roles. Estas dos situaciones se agravan en el momento de ingreso a la cárcel.

Situación Crítica

Por otro lado, la Personera de Neiva, aclaró que existen otras necesidades que enfrenta la población femenina en el centro penitenciario de Rivera.

“Un hacinamiento critico se está viviendo, estamos enfrentando una situación preocupante, presentamos la semana pasada una Acción de Tutela con una medida provisional para efectos que no se permitiera el ingreso de mujeres a este patio porque  tiene capacidad para 46 mujeres y en este momento hay alrededor 177 en condiciones bastantes alarmantes, porque el establecimiento desde el mes de noviembre de 2017 no cuenta con el suministro de agua permanente; solamente una hora en la mañana y otra en la tarde”. Concluyó  Heidy Sánchez Castillo.

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