El cuerpo de su madre, fue el primer lienzo donde el mexicano Brandon Burgos, de apenas 11 años, hizo su primer tatuaje y de ahí no paró.

Ahora se caracteriza por tener un talento natural y una mano «bien ligerita» con la que ha tatuado a por los menos 30 personas, que le han confiado la piel para plasmar su arte.

Con las manos enfundadas en guantes de látex, Brandon delinea y rellena formas tan complicadas, como estéticas, en el pequeño estudio de su papá en la ciudad de Puebla, en el centro de México.

El niño cursa el último año de la escuela primaria y sueña con ser marino, pero «si no se puede, pues tatuador», dice risueño a la AFP. Hace apenas un año tuvo su primer éxito en la piel de su padre, donde dibujó un cráneo.