DIARIO DEL HUILA

Rolando Monje Gómez

Fotografías: Suministradas

Aunque hoy cuenta con un título de cocina, su historia no ha sido nada fácil. Nació con una deficiencia cognitiva, él de la mano de su madre ha logrado salir adelante y dando ejemplo de superación. Luis Eduardo siente que su proceso de inclusión ha sido efectivo, pues hoy se siente parte del mundo.

Luis Eduardo Gutiérrez Ramírez es un joven callado, algo tímido, mientras entra en confianza, hoy tiene 24 años y ya tiene un título que le otorgó el Sena en cocina. Como él pueden haber muchos otros jóvenes, pero su historia es para reconocerla por el gran esfuerzo que le ha llevado sacar las cosas adelante, cosa que ha logrado con el paso de los años.

Y es que Luis Eduardo, por circunstancias de la vida, nació con una deficiencia cognitiva que le ha puesto piedras en el camino, pero él con perseverancia y el incondicional apoyo de su madre y toda su familia ha logrado salir adelante y hoy tiene sueños que cumplir y muchas proyecciones para el futuro.

“El orgullo mío es mi mamá, porque me ha llevado a salir adelante, que hace que no me rinda, que luche por mí mismo. A veces quiero rendirme pero me acuerdo de las palabras de ella que me decía no se rinda, usted puede”, afirma.

Maltrato y huida

La historia de Luis Eduardo va de la mano de Osiris Ramírez Guarnizo, su madre, una mujer trabajadora y emprendedora, que por encima de las adversidades siempre han estado sus hijos.

Ella es la mayor de ocho hermanos de una familia humilde. Muy joven se fue a trabajar a Bogotá donde desempeñó diferentes oficios: obrera de construcción, aseo, limpiando escombros y fachadas. Allí conoció al papá de su hijo con quien se casó.

Hoy sale adelante con su especialidad.

“Cuando quedé embarazada saltaba de la dicha, comencé a cuidarme porque no era fácil trabajar en lo que hacía en ese estado. Sin embargo, cuando tenía seis meses ya no podía trabajar y dejé de hacerlo. En ese momento empecé a recibir maltrato físico y verbal por parte de mi esposo, por no poder aportar económicamente al hogar. El asunto se volvió muy violento, golpes, empujones, cada vez era inaguantable”, recuerda.

Un día el hombre llegó malhumorado y en la habitación la arrojó al piso pateándole el estómago, no era fácil. Se metió debajo de la cama para que no la golpeara más e intentó asfixiarla. Allí comprendió que ella no podía seguir más con esa persona, ni permitir que por esas agresiones pudiera perder a su hijo, que no se merecía ese padecimiento.

“A la semana logré convencerlo de que me permitiera viajar a Neiva para las fiestas de diciembre, como no había dinero para los pasajes empeñé las argollas de matrimonio, aunque él no quería dejarme porque pensaba que hasta ahí se acaba el matrimonio”, comenta Osiris, quien agrega que aunque ella se lo negó, así fue, nunca más volvió.

‘El niño tiene algo’

Luis Eduardo nació el 26 de enero de 1997 a las 4 y 30 de la tarde, en un parto normal, aunque fue un niño grande. “Cuando lo tuve en mis brazos no podía parar de llorar viendo como en su cuerpecito tenía muchos hematomas, los médicos nunca me dijeron nada, el único fue mi papá que al sacarlo, porque quería verlo, lo descubrió y me miró y me preguntó si ‘ese hombre me había maltratado’. Yo no le respondí nada”, recuerda con tristeza la mujer.

El papá nunca lo conoció y murió con el tiempo producto de una bala perdida. Osiris se volvió a casar unos años después y fue en ese tiempo cuando se dio cuenta que su hijo era especial. “Yo me vine a dar cuenta que mi hijo tenía problemas cuando tenía 11 años, ya vivía con mi segundo esposo que se le hacía raro que el niño se le dificultaba pronunciar bien y me decía ‘el niño tiene algo’. Luis Eduardo comenzó a caminar como a los dos años, pero nunca nadie me dijo nada, me extrañaba un poco pero no podía dedicarle todo el tiempo”, afirma.

Comenzaron a llevarlo a diferentes especialistas hasta que una pediatra les dijo que el niño presentaba un retardo y que pensaba igual a un niño de 4 años, él no comprendía nada. En ese momento a Osiris se le derrumbaron muchas cosas en su vida.

Luis Eduardo había empezado a estudiar, pasó por diferentes instituciones, pero no aprendía. Repitió cuatro veces primero y lo pasaban de año solo por su estatura. Los profesores tampoco les dijeron nada, pero eso si recibía muchas agresiones por parte de sus compañeros y nadie tomó medidas correctivas.

Él ha desempeñado diferentes trabajos, siempre apoyado por su familia.

“Comencé a buscar ayuda y me mencionaron el colegio Ceinar y nos enviaron a la sede Renaciendo, una institución donde atienden a niños y jóvenes con muchas situaciones similares a las de Luis Eduardo, allí lo atendieron con mucho amor. Al comienzo se sentía extraño pero después me dijo que no se quería ir nunca del colegio”, afirma la orgullosa madre.

Cuando terminó el quinto de primaria a Osiris le recomendaron el Colegio ‘Tomás Cipriano de Mosquera’, pues temía que al matricularlo en cualquier otro colegio lo volvieran a agredir. “Me atendieron muy bien, con mucha dedicación, allí se graduó de bachiller. Los profesores hicieron un excelente trabajo. Estando en esta institución le detectaron un tumor cerebral por el que fue intervenido pero todo salió bien”, comenta.

Al recibir su grado de bachiller se presentó al Sena y entre 150 aspirantes ocupó el puesto 31 y es así como entra a estudiar cocina. “Las prácticas en un restaurante pero el estrés lo afectó y lo quisieron sacar de mala gana, incluso reportándolo al Sena, por lo que en un primer momento fue sancionado por dos años, pero finalmente todo se aclaró. Después fue remitido al Columbus American School donde logró terminar sus pasantías hasta que se graduó”, señala la madre.

Aquí junto a su padre y su hermano.

Luis Eduardo manifiesta que en algunos donde ha trabajado se han aprovechado de su situación, pero reconoce que en el Sena lo ayudaron mucho.

Nos comenta que su gusto por la cocina arrancó con unas clases en Renaciendo y luego su mamá le fue enseñando algunas cosas. “Quisiera estar más preparado en el tema de la cocina y tener mi propio restaurante, un lugar donde puedan entrar todas las personas, que nunca se sientan discriminadas”.

Aunque su proceso de inclusión no ha sido fácil hoy afirma con orgullo que ‘no me siento el mejor de todos, pero me siento parte del mundo’ y todo gracias a su mamá que siempre lo ha apoyado y le ha dado la libertad para salir. “Hoy vivo independiente, aunque al principio les dio duro pero ya se han acostumbrado”, afirma.

Luis Eduardo reconoce que aunque es introvertido es muy activo, y dice que su papá, el segundo esposo de Osiris es una persona espectacular. “Uno debe aportar para poder integrarse al mundo”, manifiesta finalmente.

Por su parte Osiris manifiesta que hoy a su hijo lo ve con una felicidad incalculable.

Luis Eduardo Gutiérrez Ramírez junto a su madre Osiris.