miércoles, 13 de noviembre de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-11-07 10:15

No pasó nada

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | noviembre 07 de 2019

Los resultados electorales del veintisiete de octubre se ubican dentro del  margen de lo esperado, no hubo sorpresas, el país no ha caído en manos de las FARC ni del comunismo internacional, los colombianos parecen conformes con el Status Quo, nada ha cambiado, nada va a cambiar. Los Char dominan la política en la costa, el Valle mantiene a los mismos polítiqueros, Bogotá elije con el estilo de hace varios años, en el Cauca nos seguimos matando, en el Huila eligen a un gobernador de los mismos que se inventaron las represas para tirarse el río Magdalena.

Es decir, a los colombianos nos gusta este sistema de gobierno, esta pantomima de democracia por la que el Presidente Eterno dice entregar sus huesos. Aquí no se entiende el daño que provoca en la economía las políticas del FMI, los desastrosos efectos del neoliberalismo, es más, los gobernantes locales ni siquiera saben cómo se come eso, deslumbrados por el falso crecimiento económico y complejo americano de sálvese quien pueda.

Le prensa amarilla ha dado, con bombos y platillos, conclusiones superfluas sobre el panorama político como el ocaso del patriarca o la desaparición del Petrismo. Pues les aseguro que ni lo uno ni lo otro va a ocurrir: el Ubérrimo seguirá campante dominando la rancia derecha criolla con el apoyo de los pastores “Cristianos” y los laureanistas modernos, quienes se asustan al pensar en los monstruos comunistas que se comen a los niños y envenenan a los viejos. Lo de lesbianas y maricas es un sofisma, muchos de estos castos rezadores de la moral no se sonrojan de serlo, abusan de infantes como un derecho sagrado, nunca entenderán que el verdadero trasfondo de la Teoría de Género es otra manera de dominio neocolonial para ajustar la población a una estadística.

Es decir, que nada cambia. Fueron elegidos los mismos “Varones” para perpetuar una especie de sanguijuelas adheridas al escroto de tanta desigualdad y pobreza, quienes pretenden que sobrevivan los limosneros con las migajas que los Santodomingo, los Ardila Lulle y el grupo antioqueño  dejen caer de sus mesas. Lo que ocurre es que ellos, en su avaricia, no dejar escapar una sola esquirla de su riqueza injusta.

Con seguridad, tras la aparente derrota de los jefes nacionales, se esconde, con contadas excepciones, el triunfo de las mafias locales que por ninguna circunstancia están dispuestos a perder sus privilegios. Entonces operan sus microempresas familiares para poner a sus alfiles frente al presupuesto de municipios y gobernaciones sin importar ideología, sin importar los partidos, sin importar la más pírrica reivindicación de la misma gente que los elige, porque la estructura de nuestra política está hecha para las mafias, para que el dinero de dudosa procedencia elija, para que reclame su parte quien aporte.

Será entonces la despolitización de la política lo que impere y, al final, el mismo con las mismas vendrá a asustarnos con el coco del castro-chavismo.