Por: Froilán Casas

Dentro del pénsum de estudios en el Seminario o casa de formación, en donde estudiamos quienes vamos a ser ministros de Jesucristo o sacerdotes, dedicamos tres o cuatro años a profundizar en los estudios filosóficos. En sociología y en historia de la filosofía, pudo llegar a mis manos obras del señor K. Marx como, El manifiesto comunista, la ideología alemana, el gran libro en tres tomos, El capital, etc. Bueno no nos quedamos estudiando marxismo solamente, hacemos un paneo sobre el pensamiento filosófico, sobre todo en el mundo centro europeo y todo el influjo de la filosofía griega, para nombrar algunos aspectos. Pues bien, en el pensamiento de Marx, Engels, Feuerbach, que bebieron en G. Hegel, encontré muchos aspectos dignos de consideración, es más, incluso aceptables para mi visión antropológica. A medida que me fui adentrando en el estudio, constaté que la cuestión obrera, respondida por el marxismo, ya tenía respuesta en la Biblia, sobre todo en los profetas del Antiguo Testamento: ¡Qué discursos tan claros sobre la justicia social! Y, qué no decir del mensaje de Jesús sobre la justicia. Afirmaba, por aquel entonces, Marx desempolvó el mensaje cristiano. Me preguntaba, por qué los cristianos, teniendo una mina inextinguible en términos de justicia social, la habíamos dejado en las bibliotecas. Permítame, amigo lector, remitirlo a uno de los libros de la Sagrada Biblia, libro que recoge tradiciones de siglos anteriores y que fue escrito por la escuela deuteronomista hacia el siglo IX antes de Cristo; excúseme, el nombre del libro es un poco difícil de pronunciarlo, se llama DEUTERONOMIO, significa etimológicamente, segunda ley. Lo remito a los capítulos 24-26 y encontrará allí una mina inagotable sobre la justicia. Si hay algo que detesta Yahvé-Dios es la injusticia. Si usted lee los profetas Amós, Miqueas, Isaías y Jeremías, queda usted aterrado de los discursos tan fuertes contra los codiciosos, avaros, acaparadores y todo aquél que se aproveche del indefenso. Por favor, hablar de justicia social no es ser de izquierda, es sencillamente, ser cristiano. Claro la Biblia no habla de justicia social con la dialéctica del odio o la lucha de clases. No cabe duda, hay que combatir la injusticia sin matar al injusto. El médico no ataca al enfermo, ataca a la enfermedad. La medicina no es enemiga del enfermo, es enemiga de la enfermedad. Hay que combatir la pobreza, promoviendo al pobre para que sea sujeto de su propio desarrollo. Infortunadamente se ha querido combatir la injusticia con asistencialismo y estamos formando una cultura de zánganos. ¿Cómo salió Europa de la pobreza y postración en la que la dejó la segunda guerra? El trabajo productivo es el secreto de su prosperidad y desarrollo en menos de dos décadas. Haití es el país más pobre de América Latina y no sé si del mundo y, es a la vez, el país que más ayudas ha tenido por más de doscientos años de diferentes países de América y del mundo. Con esa política asistencialista, nunca saldrán de pobres. Además, las ayudas se las tragan los funcionarios que las administran. Lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta.