A raíz de la visita del presidente Duque a Corea del Sur, surgieron en mi mente remotos recuerdos. Posterior a la II Guerra Mundial nació la denominada Guerra Fría, como consecuencia del distanciamiento entre los EE.UU. y Rusia, en aquel entonces denominada Unión Soviética por congregar bajo su hegemonía varios otros países como Ucrania y Bielorrusia.

Con posterioridad a la II Guerra Mundial, en el norte de la península de Corea irrumpió un movimiento comunista fuerte que fue invadiendo su territorio hacia el sur. Una campaña parecida a la de Mao Tse Tung en la China. Los EE.UU. respaldaron a los habitantes que luchaban contra la marea roja que se les avecinaba. Se convirtió en un territorio de guerra entre el sur y el norte, los primeros respaldados esencialmente por los estadunidenses y los segundos primordialmente por China y Rusia.

Constituyó en un eslabón importante de la Guerra Fría.

Los EE.UU. hicieron un llamado a los países democráticos de mercado libre para que los respaldaran en esta riesgosa tarea. Entre los país que respondieron a la solicitud estuvo Colombia, que envió un contingente para participar en la lucha armada. Hoy en día se considera un despropósito, algo impensable, pero la historia debe juzgarse según el contexto cuando ocurren los hechos, en ese entonces parecía razonable.

Posiblemente no justificable, pero sí comprensible por las circunstancias que se vivían. Fue la época que gobernaba el general Rojas Pinilla, estábamos inmersos en una dictadura. Corea del Sur siempre ha reconocido y agradecido nuestra contribución para detener la invasión en el paralelo 38, después de tres años de cruenta confrontación armada.

Se trata de un país relativamente pequeño en área, pero con una población similar a la nuestra. Su ingreso per cápita al comienzo de los años 70 era muy precario. En esa década exportaba US$450 millones de dólares, una cifra muy similar a la de Colombia. Hoy exporta US$542 mil millones, mientras nuestro país tan solo llega a US$ 39 mil millones, 14 veces menos. Su ingreso per cápita fue de US$31.846 en el 2019, mientras el nuestro tan solo alcanzó a US$6.428, cinco veces menor.

En general los países de Asia están creciendo aceleradamente, mientras Latinoamericana se está rezagando en su desarrollo, excepto unos pocos países, como Panamá y República Dominicana, que continúan creciendo a buen ritmo. Me refiero al período anterior a la pandemia. El crecimiento económico posterior es futurismo.

Veamos algunos de sus ingresos per cápita en el año 2019, una forma de juzgar y comparar su bienestar. Singapur US$65.233, se trata de un país muy pequeño y se puede considerar una excepción; China US$10.261, Malasia US$11.414, Tailandia US$7.806, e Indonesia US$4.135. En épocas anteriores, China tenía un ingreso per cápita de US$1.753 en el 2005, y Singapur registraba US$10.394, Corea del Sur US$5.817 y Malasia US$2.216, en el año de 1986.

Observemos ahora algunos latinoamericanos, me refiero al año 2019, México US$9.946, Chile US$14.896, Ecuador US$6.183, Uruguay US$16.190 y Brasil US$8.717. Aún se conserva una diferencia que nos favorece, pero la aceleración del crecimiento en Asia es muy superior.

Estas cifras muestran claramente el daño que causa en nuestra región la prevalencia de las ideologías sobre el pragmatismo.