Por: Álvaro Hernando Cardona González

En El País de España (edición del 23 de junio de 2021) hallamos un reflexivo artículo de Francesc Miralles, escritor y periodista especializado en psicología, que trata sobre los hater (vocablo en inglés) u odiadores (como los llaman los españoles). “Un fenómeno en internet, que revela en ocasiones la profunda insatisfacción con su vida, de las personas que invierten su energía en menospreciar a otras”.

Este destaca, cómo ahora la gente agrede, insulta, y es negativa frente a cualquier cosa. Hasta las más absurdas. E incluso lo hacen ante actitudes o comportamientos amables y positivos que otros, expresan.

Se manifiesta cómo hemos llegado a un punto tal de la humanidad, en que el éxito de unos genera odio, genera rabia. Hoy los logros y la felicidad de unos, es el rechazo de otros. Los haters u odiadores, no son capaces de ser solidarios ni en las buenas cosas que los demás han logrado. Un fenómeno, cada vez más común en esta era de las redes sociales, ya hace clasificaciones con los más odiados: y allí aparecen los cantantes Justin Bieber, Miley Cyrus, el colombiano Maluma, e incluso, la activista ambientalista Greta Thunberg.

Se proponen algunas características de los haters u odiadores, con las que el lector puede establecer similitudes con lo que sucede en Colombia, más ahora que estamos en plena campaña politiquera (no es política) y aglomeraciones violentas y violatorias de derechos ciudadanos (irracionales): a) El odiador, sólo expresa opiniones negativas, y de la manera más mordaz posible; b) Sus comentarios son cínicos o crueles; c) Tratan de ser ingeniosos, lo que revela que además de desacreditar quieren volverse “tendencia”; c) Suelen elegir a personajes o temas de actualidad, porque les interesa atraer la atención del máximo público.

El odiador tiene intenciones en destruir, ser negativo, hacer daño, multiplicar sus sentimientos, generar violencia, por varias razones. Las principales, dice el articulista, son: envidia y búsqueda de notoriedad. “El odiador considera que la persona a la que ataca tiene una fama o prestigio que no merece”, porque él no la tiene. Así que si el personaje que ataca es inteligente y él no, hay que odiarlo. Si el personaje que ataca tiene empleo, y él no, hay que odiarlo. Si el odiado tiene éxito, hay que atacarlo.

Sigmund Freud, decía que el odio es un mecanismo de defensa en el que atribuimos a otras personas nuestros defectos; los demás son espejo en el que proyectamos lo que no hemos resuelto dentro de nosotros. Como dijo Baltasar Gracián: “Quien critica, se confiesa”.

Ojalá los odiadores que lean esta columna recapaciten y corrijan. Su fracaso lleva al odio y este a la violencia y a alejar, aún más, la paz que tanto anhelamos. Cuidado además con los candidatos negativos, con antecedentes de odio y daño.