Con lágrimas en su rostro, Carolina Ortiz Perdomo recordó su incesable lucha por conseguir una vivienda digna en la ciudad de Neiva. En medio de su resignación, Ortiz reconoció que la pirámide de ladrillos es un peligro, sin embargo, están con Dios.

Diario del Huila – Crónica

Por: Juan Manuel Macias Medina

Al ingresar a la casa, si es que se le puede llamar así al conjunto de ladrillos que conforman un edificio abandonado, de inmediato se logra percibir un penetrante olor a humedad, y no es para más, la vivienda de Carolina Ortiz y Paterson Fernández no tiene ventanas y está ubicada a contados metros del río Las Ceibas.

Lograr recibir declaraciones de la familia ya resignada, resultó ser un reto casi imposible, pues infinidad de políticos, a los que llaman “chismosos”, han frecuentado su humilde hogar por más de 20 años con el pretexto de buscar ayudas a esta familia de trabajadores, sin embargo, su fugaz paso por la deteriorada vivienda, como dicen ellos, “no les interesa mucho”.

Con la última de sus esperanzas, Carolina Ortiz, sacó una silla y comenzó a relatar la tragedia, que como a muchos colombianos de escasos recursos, les tocó vivir.  Como si su historia fuera un libreto, Carolina comenzó a contar el momento en que fueron desalojados de su vivienda, hace más de 20 años, y les tocó desplazarse a un edificio sin construir en la zona norte de la capital del Huila. “Hace 20 años llegamos con mi esposo acá a esta casa desafortunadamente, no podemos decir que afortunadamente”, aseguró la mujer de la casa.

Aunque el edificio está a punto de colapsar, la familia no tiene otra opción.

Inesperadamente, por la oscura ladera de atrás llegó Paterson Fernández, un hombre de aproximadamente 40 años de edad, que, al percatarse de la situación, dejó claro que, aun en la situación que viven, los hijos son lo primero y no iban a irse a vivir a otro sitio que no fuera ese. “A nosotros nos sacaron y no teníamos para dónde coger, nosotros no teníamos otra opción porque era ésta casa o era irnos a vivir debajo de un puente”, dijo con voz baja dejando entre ver, que la vocera de la familia era la señora Carolina.

La familia Ortiz Fernández ya se resignó

Minutos después de preguntar por la nefasta situación en la que viven, Carolina interrumpió y dejó claro que ella ya se cansó de rogar por una vivienda digna. “Mire, yo ya no estoy pidiendo casa, yo ya me cansé de rogarle por una casa a los políticos cuando vienen, nosotros ya nos resignamos a vivir aquí y solo tenemos un problema, no tenemos agua”, dijo con la voz un poco más recia, como tratando de disimular las lágrimas que abarcaron sus ojos en ese instante.

Todos los días, la familia se desplaza al Parque Ronda Río Las Ceibas, a llenar siete canecas de agua.
Todos los días, la familia se desplaza al Parque Ronda Río Las Ceibas, a llenar siete canecas de agua.

“Perdón, meto la cucharada otra vez, nosotros si necesitamos una reubicación, pero que pasa, si fuera en dos meses, genial, pero si no entonces no, ya llevamos muchos años pidiéndola y no ha pasado nada, ya nos resignamos”, dejó claro la madre de dos hijos de 12 y 14 años.

El entusiasmo de la señora Ortiz es implacable, tanto así, que es posible decir que es más fácil que se derrumben el montón de ladrillos que reposan sobre los cuatro habitantes de la casa, que las ganas de sacar adelante a sus dos muchachos. “Nosotros le damos todo a nuestros hijos, nosotros queremos que ellos sean profesionales, la fe de nosotros no está en los políticos ni en nadie, solamente en lo que puedan lograr mis hijos, por eso con mi esposo, la ilusión es sacarlos adelante a ellos”, dijo la señora ya cansada.

La familia sueña con algún día ver salir agua de su hogar.
La familia sueña con algún día ver salir agua de su hogar.

“Esto no se cae porque estamos con Dios”

Aunque el edificio a simple vista pareciera que se fuera a derrumbar, la familia no permite juzgamientos a la pirámide de ladrillos con moho, y no es para menos, es el sitio que les ha permitido cubrirse del sol y criar a sus dos pequeños durante dos décadas. Sin embargo, minutos después Carolina confirmó lo que ´a vuelo de pájaro´ se logra percibir. “Esto no se cae porque estamos con Dios”, afirmó Ortiz mientras hacía alarde a su escaso conocimiento sobre las obras de este tipo, a lo que su esposo replicó confirmando, “eso fue lo que nos tocó, es un peligro vivir aquí, pero no tenemos otra opción”, dijo Paterson, mientras miraba atento el arraigo con el que la mujer que lo ha acompañado por 24 años defendía su morada.

Carolina sueña con ver salir agua de su casa

La vivienda en donde reside la familia no cuenta con servicio de agua, por tal motivo, a Paterson le toca diariamente, como si viviera en el sitio más alejado de la tierra, desplazarse hasta el Parque Ronda Río Las Ceibas a recolectar el líquido indispensable para vivir. “Pater todos los días va al parque y saca agua para poder vivir, uno sin agua no es nada, por eso él va al parque y trae seis o siete canecas de agua todos los días, porque si el no hace eso pues no podemos lavar la ropa, no podemos comer, no podemos bañarnos”, agregó la señora Carolina, mientras señalaba con el dedo el sitio por donde algún día quiere ver salir agua.

La dificultad para estudiar

Con un celular prestado los dos hijos de la señora Carolina y Paterson le hacen frente a la pandemia y se rehúsan a dejar los estudios, sin embargo, las dificultades para acceder a las clases a falta de internet, harán que posiblemente, los hijos de Paterson se conviertan en una cifra más de jóvenes a los que les ha tocado dejar los estudios por falta de recursos tecnológicos.

“Una profesora le prestó el celular a un hijo mío y ella le recarga el celular para que él mande los trabajos, pero es muy difícil. El otro hijo no tiene como entrar a clases porque solo hay un celular, entonces se dificulta; con él íbamos a reclamar los trabajos al colegio para que los hiciera, pero es muy difícil todo”, dijo Paterson, quien deja que su esposa hable del hogar, pero cuando se trata de sus hijos, es él el que interviene.

Tener una vivienda digna, se convirtió para la familia en una ilusión.
Tener una vivienda digna, se convirtió para la familia en una ilusión.

“Las ayudas que dijeron que iban a dar nunca llegaron, eso se lo dieron a gente que tenía plata y tenía comodidades, a nosotros no nos tocó nada de eso y los niños son los perjudicados porque se atrasan en el colegio”, finalizó Paterson.

La preocupación de la familia entorno a la situación escolar de sus “dos tesoros”, como los llaman, es de entender, pues la falta de estudio de sus hijos, se convierte poco a poco en una bomba de tiempo para ellos, quienes dejaron claro desde el inicio, que no tienen otra salvación diferente a los logros que puedan alcanzar sus dos pequeños.