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martes, 25 de julio de 2017
 
OPINIÓN/ 2017-03-15 09:09

Educación ciudadana

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | marzo 15 de 2017

El profesor Antanas Mockus con gran sabiduría ha insistido sobre la necesidad de dar educación ciudadana.  Los mimos establecidos como táctica pedagógica fueron supremamente formativos. De alguna manera, “ridiculizar” a una persona por la falta de cultura ciudadana, le puede ayudar a respetar las reglas de convivencia. Aquí establecemos todas las normas y se irrespetan olímpicamente. Como que en el imaginario cultural está la “ley” de llevar la contraria y de seguir la ley del atajo, por aquí que es más derecho. Esto genera atascamientos vehiculares, se pasa la cebra a horas y deshoras, los buses del servicio público estacionan en las mismas y delante de los policías de tránsito. ¡Qué descaro!  Aquí todo está permitido y no pasa nada; se estaciona en lugar prohibido, “¡ah! Es que soy yo. ¡Qué no decir de la contaminación auditiva! Las calles son ensordecedoras, el ruido sobrepasa todos los límites de decibles permitidos; los avisos publicitarios de las tiendas de comercio están en los andenes y no pasa nada: una permisividad total. Quien quiera poner orden, resulta en la cárcel. Los “derechos” individuales pisotean folclóricamente los derechos colectivos. Es un individualismo absoluto. Aquí reina un salvaje oeste: la ley del más fuerte, la ley del revólver. Quéjese usted y verá que sale perdiendo. Habrá que seguir a los estoicos de la grande Grecia, padecer con resignación las injusticias de los otros. Nuestro Estado parece más un alcabalero que un protector del Bien Común. La contaminación visual desborda todos los límites. Cuántos accidentes automovilísticos por este mercado persa. Las vallas publicitarias en las vías urbanas y rurales sobrepasan todo límite: este es un país descuadernado. Bueno, de pronto yo estoy equivocado. ¿Para qué luchar contra la corriente si a la gente le gusta el desorden, el desaseo, contaminar los ríos, contaminar la tierra, llenarla de residuos no biodegradables? Entonces, dejemos las cosas así. ¿Cuáles son las mayores causas de las enfermedades? El agua impotable, las aguas residuales por la calle. Cuando las reducidas cuencas hidrográficas que aún nos quedan, se contaminan, se tornan una cloaca llena de insectos que inyectan toda clase de infecciones a los organismos humanos y animales. ¿Cuándo saldremos de ese subdesarrollo mental? Una educación que no apunte a la integralidad de la persona, será una educación robótica, no  humanística. Los japoneses, los surcoreanos, los habitantes de Singapur, son todo un modelo de educación ciudadana. A pesar de los millares de vehículos y del excelente servicio público para la movilidad de los ciudadanos, el índice de accidentes es muy bajo: el respeto a las normas de tránsito está en el disco duro. Quien tiene mentalidad de esclavo, necesita la férula del policía para que cumpla la norma. El libre es autónomo, lo rige su propia conciencia, sus convicciones. Estamos atiborrados de normas, ya no nos caben más normas en los códigos, y el cumplimiento de los mismos está muy lejos de su aplicabilidad. La ciudad cada día es más agresiva. ¿Por qué no aplicar las reglas de Mockus: palo y zanahoria? Algo tiene de verdad: la letra con sangre entra. En la ley de la jungla solo sobreviven los más voraces.

+ Froilán, obispo de Neiva